Café Librería

Cuerpos malditos, de Lucía Baskaran

Sinopsis: Lucía Baskaran escribe sobre la asfixia de las familias, el cuerpo y la amistad con la brutal elegancia de quien entiende lo humano.

¿Viste tu vida pasar por delante de tus ojos antes de morir? ¿Era yo la protagonista de alguna de esas imágenes? ¿Cuál fue tu último pensamiento? ¿Llegaste a quererme alguna vez? ¿Para quién eran esas flores?

Martín murió hace más de un año y Alicia no deja de hacerse esas preguntas, atormentada por el recuerdo de quien fuera su prometido. Apenas tiene veintiocho y ya es viuda, pero en los arcenes de su luto aguardan una nueva pareja, el reencuentro con su mejor amiga y el fantasma de una madre ausente.


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El dolor que somos capaces de soportar.


Lucía Baskaran (Zarautz, 1988) nos suena por Partir (Expediciones Polares, 2016). La joven autora ha sido comparada con Sylvia Plath y Amélie Nothomb. Y por mi parte, me ha generado una poderosa curiosidad, mezclada con admiración y un toque de agrio malestar. Es lo que ocurre con las novelas urbanas, realistas e intimistas, atrevidas y sin conjeturas. Como lo es Cuerpos Malditos, llamativa de por sí por la sinopsis, con una portada hecha para gustar y una premisa atractiva. Era difícil resistirse.

Lo cierto es que entre las páginas de la novela me encontré justo lo que me esperaba y eso está bien. Lo devoré apenas en dos tardes que me tomé para mí. Suave, con ciertas estocadas directas al corazón como podéis imaginar. Pero nada de sentimentalismos, porque puede que a Baskaran también le incomode el dolor, aunque no ha escapado apenas de él en ninguna linea. No sé si esto es deliberado, o simplemente es instinto humano puro y duro. Es probable.

No creo que podamos separar a Alicia de la propia autora, menudo atrevimiento, pero es cierto. O es la sensación que me da, quizás por emplear una primera persona que golpea de lleno, algo desordenada, tremendamente honesta. Se nos dice de ella que es una mujer de noventa años que habita en el cuerpo de una de veintisiete. Y es que quedarse viuda a esa edad desbarata los cimientos de su vida. Martín, su pareja, muere repentinamente en un accidente de tráfico. Refleja como la muerte aísla a la mujer de ella misma y de su entorno, porque su familia y amigos parecen temer tocarla, como si su dolor fuera contagioso. Así actuamos, mal que nos pese, con el dolor ajeno. Nos incomoda el duelo, la pérdida, el malestar. Queremos protegernos.


Nadie me toca. Siempre mantienen cierta distancia, como si temieran contagiarse de tu muerte, como si yo te hubiese matado. Me hablan dos tonos por debajo del habitual. Incluso tu madre, que normalmente habla muy alto, se dirige a mí en susurros. «Pobrecita niña», dicen cuando creen que no los oigo. «Pobrecita niña», pero nadie, aparte de mi padre, me abraza.


Por supuesto, los recuerdos de la infancia (marcada por su madre y la ausencia) se entremezclan con los pensamientos sobre su relación con Martín, analizada desde un punto de vista objetivo un poco cruel. Se analiza una relación tóxica que en algunas ocasiones rozó el maltrato. Pero Alicia sigue confinada en el piso que compartieron hasta que se decide a salir. El alcohol, la llegada de Otto a su vida (el hermano mayor del difunto) y la recuperación de su amistad con Ane (que es, a su vez, su primer amor) hará que poco a poco vaya rompiendo el hielo que amenaza con enterrarla dentro de su propio cuerpo.


“Estoy ansiosa”, es lo que decía, pero yo sabía que no era ansiedad, que lo que tenía Ane eran unos sueños mucho más grandes de lo que Bortiz y sus alrededores podían ofrecerle. “Estoy ansiosa”, porque el mundo era grande, sus ganas de recorrerlo inmensas, y sus posibilidades, escasas.


Pero el duelo no es un proceso lineal. Es un caos ferviente. La manera de describir el dolor, la forma de gestionar la rutina, el presente y el futuro, en un estado donde la mente está demasiado obnubilada por el malestar y las heridas, es lo que más me ha fascinado de la novela. También esos diálogos, que recrean las relaciones sociales tan complejas y tan vivas. Me ha sorprendido cómo el entorno se vuelva con Alicia, esa torpeza. Lo que está claro es que todo parece estar maldito.


El deseo ocurre antes que la palabra. Empieza debajo del estómago, recorre el cuerpo hasta llegar al cerebro y se transforma en fantasía. Si llenamos de palabras el deseo, el hechizo se rompe. A veces las palabras son el enemigo.


Y como una rueda negra, un dolor se mezcla con el otro y empiezan a resucitar otros muertos que llegarán al presente. Se desata un laberinto de relaciones sociales, de vidas cruzadas, de temor, de errores, de no saber salir. Diría que Los cuerpos malditos va hacia alguna parte, pero creo que, como la vida misma, en realidad eso no es lo importante.


Lanzamiento: noviembre de 2019
Editorial: Temas de hoy (Planeta)
Páginas: 224
Valoración: Capuchino
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Un Comentario

  1. Elisa

    Miriam tu reseña me ha recordado una frase que le oí a una señora que le decía a otra:”Que Dios no te mande todo lo que puedas soportar”.Esa frase la verdad es que me siempre me ha dado miedo y al ver como empieza tu reseña me ha hecho recordarla.Este creo que es un libro de “los de padecer”.Me lo voy a apuntar porque me ha gustado lo que cuentas.Gracias

    Me gusta

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