Las niñas salvajes, de Ursula K. Le Guin

Os voy a contar mi experiencia de lectura de Las niñas salvajes porque es lo único que puedo hacer.

Escribir una reseña es un poco absurdo dada la introducción, de Arwen Curry, que es la mejor reseña posible, pero es que yo no he leído la introducción hasta después de haber leído el relato, y la pieza que lo sigue y el ensayo sobre Ciencia Ficción y Feminismo de Layla Martínez. Empezaré por este último, si no os importa. Pero no sin antes decir que me cuesta escribir esto. Tenedlo en cuenta, porque a mí, la verdad, no me cuesta escribir casi nada. Con «esto», quiero decir este artículo. Es lo que pasa cuando a una la remueven por dentro.


Ciencia Ficción y Feminismo, de Layla Martínez


Shelley acababa de alumbrar un nuevo género, aunque ese nacimiento era tan temprano que no se reconocería hasta mucho tiempo después. Fue a autores como Julio Verne a quienes se les atribuyó el mérito durante décadas, pero lo cierto era que, como dijo Isaac Asimov, el «padre» de la ciencia ficción había sido una mujer de veinte años.


El ensayo de Martínez parte de Shelley y del alumbramiento de Frankenstein, recorre los senderos de los derechos reproductivos, hace un alto en la mirada femenina de la mano de Alice Sheldon y termina en el feminismo y la ciencia ficción. Unas páginas muy interesantes, un montón de nombres de autoras y de títulos de obras hilados con inteligencia y soltura. Un trabajo de divulgación que merece la pena tener a mano para, como siempre digo, tirar del hilo que corresponda cuando corresponda. La única pega que le encuentro es que no veo la relación con el relato. Las niñas salvajes no habla de maternidad más que de manera tangencial y por eso se me hace difícil descubrir la conexión entre ambas obras. Tampoco es que eso importe mucho, la verdad.


La conversación de los modestos


Cuando las mujeres empezaron a rebelarse contra la jerarquía de género, las virtudes femeninas asignadas por los jerarcas —el silencio, la obediencia, la deferencia, la pasividad, la timidez, la modestia— naturalmente pasaron a estar en tela de juicio y las mujeres se pusieron a repudiarlas todas con desdén […].

Me parece una lástima.


Cuando Le Guin escribe, lo hace después de haber pensado y, estés de acuerdo o no con lo que ha pensado y escribe, si lo lees, no puedes escapar a la necesidad de preguntarte si tiene razón. La conversación de los modestos es un texto incómodo porque habla de lo necesario que es dar un paso atrás, esconderse entre las sombras y mirar alrededor para decidir si quieres, o no, jugar al mismo juego que los otros y con sus mismas reglas.

Siempre tengo la sensación, cuando leo ensayos de Leguin, de que pasaba mucho tiempo sola después de haber pasado algún tiempo acompañada. Tiene pinta de haberle dado muchas vueltas a las actitudes y comportamientos de los demás, de haberlos visto del derecho y del revés. Algo inevitable, supongo, si te dedicas a escribir con un mínimo de respeto.

Para escribir no basta con reproducir; hay que analizar y tratar de comprender. De ahí se deriva siempre una interpretación, que puede ser acertada o no, de lo visto y analizado. La conversación de los modestos reivindica para el día a día una actitud que nada tiene que ver con nuestra forma de vivir.

Recomiendo mucho la lectura de esta pequeña pieza. Pero no vale leerla de cualquier manera. Si vais a pasar los ojos por encima y a decir que qué bonita, habréis perdido el tiempo. Habría que leer este ensayito sobre la modestia y luego convertirse en Amon Goeth, el oficial de las SS que interpreta Ralph Fiennes en La lista de Schindler, que decide ser magnánimo porque puede. En nuestro caso, sería bonito que decidiéramos ser modestos porque podemos. Y que mantuviésemos la decisión unas pocas horas al día. Mientras estuviéramos despiertas. Le Guin explica los motivos mucho mejor que yo, y por eso hay que leerla.


Las niñas salvajes


Nata se había comprometido a enseñarles a las niñas salvajes cómo vivir en la Ciudad, y lo hizo con honesto cuidado y atención. Les enseñó las normas. Les enseñó lo que creía la gente. Las normas no incluían la justicia, así que eso no se lo enseñó. Quizás ella no creyese en lo que creía la gente, pero de igual modo les enseñó cómo vivir con quienes sí. Modh era terca y atrevida cuando llegó, y a Nata no le habría supuesto ningún esfuerzo dejar que creyese que tenía derechos, animarla a rebelarse y luego ver como la azotaban o la mutilaban o la mandaban a los campos donde la pondrían a trabajar hasta morir. Algunas esclavas lo habrían hecho. Nata, a quien habían tratado con amabilidad durante casi toda su vida, era amable con los demás.


He usado la cita que abre esta parte de la reseña en un artículo de mi blog en el que reflexiono sobre por qué leemos y sobre el papel transformador de la lectura. No lo hice por casualidad. Lo cierto es que para conocer este relato antes de leerlo, mucho mejor que leerme a mí es leer la introducción de Arwen Curry. Pero lo mismo has llegado aquí antes que al libro, así que trataré de hacer mi trabajo lo mejor posible.

Las niñas salvajes cuenta la historia de unas niñas que son raptadas por unos adolescentes que las llevan a su ciudad, donde vivirán como esposas esclavas. Lo hacen así porque así se hacen las cosas. Durante el secuestro y el posterior viaje a la ciudad, un bebé muere, pero nadie lo entierra, así que su alma perseguirá para siempre a las supervivientes.

Le Guin no escribe terror, pero este relato es terrorífico. Describe la pérdida de la identidad, lo terrible de la capacidad de adaptación, el modo en que el entorno moldea nuestra percepción y cómo damos por supuestas y asumimos como normales conductas y situaciones monstruosas.


Mockups Design


Me costó entrar en la historia porque Le Guin la escribió sin piedad, sin contemplaciones, sin tregua para la lectora. Así que, sin preámbulos, te encuentras formando parte de una expedición de varios hombres ¿libres? Y un esclavo. Asistes de su mano a una masacre y a un rapto, al asesinato de un bebé y a la normalización de todo ello. Un poco como cuando pones las noticias en televisión y asistes a la muerte de un canguro carbonizado, al asesinato de una mujer a manos de su pareja y a un caso de abuso de menores en el seno de la iglesia.

¿Te das cuenta de lo mucho que hace falta dominar las herramientas literarias para hacer eso? ¿para ponerte delante de un espejo sin que te des cuenta de que, durante toda la lectura te mirabas a los ojos cuando creías estar espiando la vida de otra persona?


La traducción de Arrate Hidalgo

Decía hace un momento que me costó entrar en la historia. Durante las primeras cinco páginas pensé que Arrate no estaba haciendo un buen trabajo. Y lo pensé con pena porque sé que trabaja bien. De todos modos, con la ceja arqueada por la disonancia entre lo que sé de ella como traductora y lo que estaba leyendo, continué. Apreté los dientes y seguí palabra tras palabra, avanzando por ese erial que era el principio de Las niñas salvajes. No cometáis mi error, por favor. La traducción de Hidalgo es muy buena. No le echéis la culpa de vuestra reacción porque bastante ha debido de tener con lo suyo. Imagino que debe de haberle costado trabajar con una forma tan descarnada de contar.

Esto es lo que quiero decir:

Bela ten Belen salió de incursión con cinco acompañantes. No había campamentos de nómadas cerca de la Ciudad desde hacía años, pero algunos segadores de los Campos del Este afirmaban haber visto humo de hoguera más allá de las Colinas del Día, y los seis jóvenes anunciaron que irían a ve cuántos campamentos había. Se llevaron de guía a Bidh Handa, que ya había estado en otras incursiones contra las tribus nómadas. A Bidh y a su hermana los habían raptado en un pueblo nómada cuando eran niños y crecieron como esclavos en la Ciudad. La hermana de Bidh, Nata, era famosa por su belleza, y para hacerse con ella como esposa, Alo —hermano de Bela— le había entregado a su dueño buena parte de las posesiones de la familia Belen.


El relato sigue así durante muchas, muchas, muchas páginas: un desierto emocional donde no hay poesía, con lo que a mí me gusta la poesía de la prosa de Le Guin. Pero, claro ¿qué poesía va a haber en un rapto infantil? Así que no, no es mala prosa ni mala traducción. Al contrario. Es una traducción precisa y respetuosa que te obliga a ponerte un pañuelo que te tape la boca y la nariz para poder respirar. No le arriendo a Hidalgo las ganancias de haberle levantado la falda a Le Guin en esta ocasión.

No sé por qué me parece que la labor de las traductoras es un poco impúdica y que conlleva altos grados de intimidad con las autoras, por cierto. Cosas mías, ni caso.


Conclusión

Recomiendo Las niñas salvajes, La conversación de los modestos y Ciencia Ficción y Feminismo a quienes no estén cómodos con el estado actual de las cosas. Porque si vives en la comodidad y lees este libro, a lo mejor empiezas a sentir que se te clavan los muelles del colchón durante las noches en las que antes dormías plácidamente. Y nadie quiere eso.

Disfrutarás del relato si te gusta la ciencia ficción social con muy ligeros tintes fantásticos y si no te importa que las lecturas te dejen cierto sabor a hiel en la garganta.

Disfrutarás La conversación de los modestos si hay algo en el mundo que te chirría y no sabes qué es.

Disfrutarás de Ciencia Ficción y feminismo si estás ansiosa por saber más de las mujeres escritoras que en el mundo han sido.

Disfrutarás de la introducción de Arwen Curry. Y punto.


Lanzamiento: marzo de 2020
Editorial: Virus
Traducción: Arrate Hidalgo
Páginas: 122
Valoración: Mokachino con triple chocolate

Un Comentario

  1. Pingback: Novedades literarias de marzo 2020 - Flecha Literaria

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