Café Librería

Las estrellas, de Paula Vázquez

Sinopsis: Ni final de cuentas a la manera casi económica de la new age, ni elegía que convierta el duelo en una poética de la reconciliación. Las estrellas es una despedida literaria de una hija a una madre, en detalles y al mismo tiempo despojada; un ejercicio espiritual laico, aunque no ateo —abundan los fetiches sincréticos, el ritual pagano, la confesión sin penitencias—. Es también el cuento sobre una vida, de esas de las que se dice que no cuentan, que muestra cómo la hija no acompaña el último suspiro, ni las largas horas de espera en salas de hospital destinadas a convertir la muerte inminente en una prórroga, la que sabe que se puede llorar en una isla de ensueño en lugar de en un cuarto triste de reclusión; es la que mejor ha leído en la madre, la ha escuchado. Si la narradora dice haber tenido el lapsus de decir «vuelo» en lugar de «duelo», debería reconocer en ese lapsus una verdad profunda: el vuelo hacia la escritura como suplemento soberano del dolor; y que entre la madre narrada y la hija, ambas pertenecientes a mundos opuestos, existe el legado de una autonomía orgullosa, esa que hace siempre de una vida algo completo y pleno.

El duelo suele ser más largo que su relato: Carta a mi madre de George Simenon, Una muerte muy dulce de Simone de Beauvoir y Desgracia indeseada de Peter Handke son nouvelles, como si el relato de la muerte materna exigiera cierta síntesis ascética en el estilo, cierto laconismo en la pena. Las estrellas se merece formar parte de esa serie entrañable.


Pienso en los días en los que vivíamos sin pensar en lo que significaba visitar una tumba. Pienso en el dolor en el pecho que sentí en el momento de su muerte. Y después, cada vez que conté cómo fue ese momento, necesité poner una mano sobre el pecho, como si temiera que algo ahí adentro pudiera fallar en cualquier momento, como si la puntada final que se llevó a mi mamá pudiese aparecer en medio de mi pecho al recordar aquel día.


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El nuevo título de Tránsito Editorial está dedicado al duelo por una madre. Paula Vázquez (Buenos Aires, 1984) ahonda en su propia vida para traernos este retrato sobre una despedida cruel, delicada y tan visceral como el estilo al que este sello editorial nos tiene ya acostumbradas, exhibiendo una vulnerabilidad llena de fortaleza. Viajamos, así, a Las estrellas.


Estábamos juntas y hablábamos o nos quedábamos en silencio, pero juntas. Fueron pocas veces. Tres o cuatro, en total, desde que pude quebrar los años de distancia y agresión que nos habían separado. Desde que supe que mi mamá se iba a morir pronto.


Leí esta novela en el hospital, con mi madre. No le dije de qué iba. La empecé justo la misma noche del trasplante (una operación de unas cinco horas). Ni siquiera fui capaz de terminarla por el nudo que se anidaba en mi garganta. De cualquier modo, Paula tiene razón. Será inevitable enfrentarse a ese hueco algún día y pienso: ¿quién está preparada? Yo me creo preparada. Llevo desde niña preparándome para ese momento por una enfermedad crónica. Ahora tengo veintinueve años, los mismos que llevo trabajando en un duelo anticipado.

Pero entre estas páginas todo sucede más deprisa. Es una palabra terrible y escalofriante. Que da terror pronunciar y que ojalá no existiera. O no pudiera tocarnos. Ella, a una distancia inexorable de su madre, que es cuidada por su hermana, piensa en ello. Están separadas por varios kilómetros y por innumerables sentimientos. Es confuso, creo. Esa frialdad, de cualquier modo, no la protege del miedo a decir adiós.


¿El cáncer anida, se alimenta, crece y nace? ¿Se le otorga espacio antes de que comience a cavar sus propios túneles? ¿Se hace cáncer?


Paula empieza a caminar por un terreno desconocido. Su madre no llega a los sesenta años; todavía es joven y podría quedarle mucho más. Ella empieza a relatar la nueva rutina de una persona aquejada por esa enfermedad y  la del resto de su familia. Los quehaceres hospitalarios, esa frivolidad de las salas de espera y la inutilidad de las consultas. Pruebas. Medicamentos. En los libros no puede traspasarse el olor de esos lugares, pero la autora los recrea y yo los identificaba mientras mis fosas nasales aspiraban el aséptico de mis manos y el miedo de mi propio corazón.

Solo pensaba que yo no quería ser ella. Y, sin embargo, ya lo estaba siendo. No quería comprender esos sentimientos y, sin embargo, ya lo estaba haciendo. Aun con egoísmo, apropiándome de la manera de entender de esas letras, creyendo que eran para mí, pero creyendo que no debería estar leyéndolas en ese lugar. Que me destrozarían. Comprendí, como Paula, que necesitaba algo más. Algo que tampoco tenía.


Lo importante es que necesito amor y estoy sola.


Relata un estado mental en el que nos sumergimos cuando la enfermedad de un ser querido llega al presente y nos acribilla. Una nebulosa que, aunque no lo queramos, nos convierte en seres infelices que luchan por fingir que todo va bien. Es como si la vida se volteara, como si ya no existiera cielo al que mirar ni clavo al que agarrarse. Pienso en la soledad que describe, tan certera y tan cruel.


¿Es posible contar una historia de amor mientras se escribe sobre la vida, la enfermedad y la muerte de la madre?


Y, por supuesto, plagado de realismo poético. Con una facultad humilde de llenar de poesía los momentos más crudos de su vida. Quizás con un afán que separar de ella la culpa que la machaca, como ya le ocurrió a Manuela en Las mujeres de la familia Medina.


En una charla en una librería, días antes de irme, quise decir «duelo» y pronuncié «vuelo».


Lanzamiento: enero de 2020
Editorial: Tránsito Editorial
Páginas: 160
Valoración: Moka y chocolate
Cómpralo aquí

Un Comentario

  1. Pingback: Paula Vázquez: “En Las estrellas el viaje es a la vez una herramienta y una metáfora de la búsqueda” | PliegoSuelto

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