Barro, de Alicia Pérez Gil

Ya conocéis a Alicia Pérez Gil (Valladolid, 1974). Forma parte de esta casa y sus obras estarán en muchas de vuestras estanterías. Pero por si alguien se acaba de despertar, Pérez Gil es una autora de terror, fantasía, ciencia ficción y manuales de técnica literaria que acabó sintiendo un fuerte deseo por la escritura a fuerza de leer mucho. En 1993 entró en contacto con el Taller Literario de la Universidad de Deusto y allí conoció a otras personas con las que pudo compartir su afición. Cito sus comienzos porque ella siempre lo hace, y porque eso es lo que nos define, en parte, como autoras. Durante su época universitaria ganó algunos premios literarios y ha publicado novelas breves como Ojos verdes (Cazador de Ratas, 2019) o la que hoy nos ocupa, cuentos, un manual de escritura (Escribir desde los cimientos, 2019) y una recopilación de relatos de terror, Inquilinos, que ha reeditado hace poco Cazador de Ratas. También ha formado parte de un montón de antologías.


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La maravillosa portada de la novelette es obra de Gemma Martínez


Cambiarnos de casa no significó un cambio de universidad pero sí que el trayecto de ida y vuelta fuese mucho más largo. Como consecuencia, dispuse de mucho más tiempo para leer. Leí a los poetas malditos, porque no ha existido jamás un universitario que no se considerase uno de ellos.


Barro nos explica la historia de Alicia (la protagonista, no la autora), una joven que está a punto de mudarse. Debido a eso, se le plantea una incógnita: ¿qué cosas llevarse y qué no? Es con este aparentemente sencillo paralelismo con el que la autora nos pone de frente a dos hermanas gemelas separadas. Lucía es la gemela de Alicia, y fue encerrada en un centro de salud mental años atrás por su conducta problemática. Alicia tiene prohibido visitar a su hermana y, por ello, la persona a la que más quiere se le antoja tan distante como necesaria. Es a ella a quien quiere llevarse en su nueva vida.

La protagonista recuerda la infancia que compartió con su hermana Lucía y los juegos que ambas inventaron. Se inunda de los recuerdos de su gemela perdida y se dispone a recuperarla. Es en su camino hacia el hospital en el que está encerrada Lucía en el que Alicia emprenderá un viaje surrealista. En él, todos los objetos que sí ha decidido conservar y que, de hecho, guardan cierto simbolismo con su hermana, tendrán un protagonismo especial. Sin ni siquiera darse cuenta, Alicia se verá formando parte de un mundo inhóspito, irreal, extraño, en el que se verá despojada de todo lo que la hace ser ella misma, incluido su propio nombre.

En el propio nombre de la protagonista es, de hecho, donde encontramos dos paralelismos que me ha parecido clave mencionar. El viaje que emprende Alicia se inspira en la conocidísima obra Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice’s adventures in Wonderland, 1865), de Carroll. Como es conocido, la obra maestra del autor británico bien podría considerarse la cuna de la literatura onírica. No obstante, establecer este pequeño homenaje se me antoja como algo demasiado sencillo, así que me he permitido divagar, ir más allá.

La segunda opción que pasea por mi imaginación guarda simbolismo con el propio nombre de la autora, que se llama como la protagonista de Barro. No es un recurso habitual el de equiparar ficción y realidad de este modo tan directo, pero este bien podría ser un recurso utilizado de manera voluntaria para dotar de fuerza a su protagonista e igualarla a sí misma, ya que durante la obra juega con la identidad de su Alicia, equiparándola a la de la hermana de esta, Lucía, casi haciéndonos llegar a creer que son un mismo ser. Y si, en realidad, ¿Alicia, Lucía y la autora son la misma persona?


E inmediatamente se dio la vuelta. Lo hizo muy rápido, con la energía de sus salidas de tono. Me miró a los ojos con mis ojos. Me sonrió con mi sonrisa, se apartó mi pelo de mi cara y me lanzó un beso mío.


Volviendo al análisis de la obra y, como acabo de mencionar, Alicia Pérez Gil va jugando en Barro con la identidad de su protagonista. Esto lo logra cambiando el tipo de narrador que utiliza en su historia cuando Alicia pierde sus recuerdos, y obliga al lector a emprender un viaje entre la realidad y los sueños en el que ambos conceptos se difuminarán para dar forma a un nuevo panorama sensitivo y contextual que su protagonista podría tanto haber vivido como no. Yo, por mi parte, prefiero pensar que Alicia sí vivió lo que nos narra su autora en la historia. Un mundo tan rico y tan original, tan atípico y plagado de sabores no debería perderse en el viejo truco del sueño o de la alucinación.

La sensación de no acabar de entender lo que se está leyendo dejan al lector con ganas de una segunda lectura con la que se pueda recrear en los detalles de la obra, una vez superada la niebla del “¿qué sucederá?”, que nos ciega a todos en las primeras lecturas de obras cuyo argumento temporal es lineal, como en el caso de Barro. Eso, claro, si es que en el mundo de sueño —o de pesadilla, según se mire— al que llega su protagonista el tiempo obedece alguna lógica.

Su estilo, más allá de la temática atrevida y distinta que presenta la obra, me ha recordado a los clásicos de la literatura española, sobre todo en el inicio de la novela. Los detalles con los que va completando sus párrafos, el contexto situacional en el que sabe situarnos y, además, la verosimilitud y humanidad de sus personajes, tanto de Alicia como de sus padres como de sus colegas, han sido la clave para establecer finalmente una analogía que ya al empezar a leer la obra me vino a la mente. Al toparme con su realismo, que más tarde sirve para hacernos chocar de bruces contra el cambio de tono hacia lo visceral, me dije: “Esto me suena”.


—Tu josh parece confuso.
—Confuso.
—Confuso.
—Confuso —repitió la bailarina alargado la u.


Barro es una historia que debéis leer. La soltura con las letras de su autora se ve reflejada en la obra de un modo magistral, y es por ello por lo que se puede permitir jugar con la literatura a su antojo, mezclando luces y sombras, realidad y sueños. Es en ese planteamiento onírico en el que Alicia Pérez nos hace perdernos, agobiarnos, nos hace ahogarnos, nos hace desear salir tras pasar unas horas más allí, descubriendo todo lo que oculta. Barro nos transmite sensaciones tan contrapuestas como su historia.

Gracias al ambiente que la obra logra crear, y mientras juega con nuestros sentidos, Alicia (la autora, no la protagonista) dota a su texto de una belleza sin igual que nos deleitará conforme vayamos pasando las páginas. Hubiese seguido leyendo y hubiese deseado más independientemente del tono que hubiese adquirido la historia, porque el estilo de la autora es impecable.


Lanzamiento: febrero de 2020
Autopublicada
Páginas: 92
Valoración: Moka y chocolate
Hazte con ella aquí

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