Nuez de coco, de Kopano Matlwa

Sinopsis: Ofilwe y Fikile tienen la misma edad y viven en el mismo país. Aparentemente, comparten también una misma cultura. Pero en la Sudáfrica de principios de los noventa las diferencias son todavía abismales incluso entre diferentes comunidades dentro de la población negra. Ofilwe ha llevado una vida sin complicaciones, diríase que privilegiada: su familia ha prosperado, ha recibido una buena educación y ha crecido rodeada de comodidades. En el argot sudafricano, ella es una coconut: negra por fuera y blanca por dentro, como la nuez de coco. Y eso implica una diferencia cultural insalvable con respecto a las chicas como Fikile, que viven en los márgenes de las grandes ciudades, en chabolas, y que sufren toda clase de desigualdades derivadas de la antigua discriminación racial, pero que crecen dentro de una comunidad fuerte y unida que las apoya y las protege.

Ofilwe y Fikile aspiran a objetivos prácticamente opuestos: la primera, que ha sido educada en la cultura blanca, no sabe cómo conectar con otras personas de su misma raza; Fikile, por su parte, lucha por escapar del gueto y emprender el camino vital que la convierta, en la medida de lo posible, en una coconut.


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Leí Florescencia (2018) hace justo un año. Ahí conocí a Kopano Matlwa y me enamoré de su historia y su literatura. Una de las mil millones de veces que me enamoro cuando leo libros, una de las pocas maneras de escapar y ser feliz. Y sí, ya por aquel entonces, en ese viaje de avión en el que la biografía de la autora sudafricana me hizo llorar a mares, me sentí muy cerca de esa mujer. La admiré. Quise poder ser la mitad de fuerte que ella. Ahora, descubriendo su opera prima, Nuez de Coco, las sensaciones no son distintas.


El dolor es hermoso, decía mi abuela. Bueno, mi abuela no, pero estoy segura de que lo decía la abuela de alguien, y que si mi abuela quisiera, también lo diría.


Kopano Matlwa (Pretoria, 1985) es licenciada en Medicina y forma parte de la nueva generación de jóvenes escritoras sudafricanas. Ha sido galardonada con el Premio Literario de la UE (2017). Además de la novela que ocupa esta crítica y la ya mencionada, publicó Coconut Spilt Milk (galardonada con el premio Wole Soyinka en 2010). En la actualidad reside en Sudáfrica, aunque viaja a Inglaterra habitualmente para dar conferencias en un curso de doctorado sobre Salud General.

Como ya mencionaba, las muchachas de Alpha Decay han decidido reeditar la primera novela de esta joven escritora. En Nuez de Coco vuelve a abordar los temas más importantes (y quizás desconocidos para muchas de nosotras, lo cual es imperdonable) de su país. Aquí se centra en la llamada generación born free, aquella que creció en libertad tras el final del apartheid (un conjunto de leyes que establecían un sistema desigual y discriminaban a la población negra e india de Sudáfrica durante gran parte del siglo pasado. Fuente).

Con un estilo difuso y un tanto caótico, a modo de notas sueltas y con un estilo que baila entre lo poético, lo cotidiano y lo abstracto, Matlwa retrata como dicho movimiento fue una gran mentira social. Y lo hace valiéndose del reflejo de la amistad de las dos niñas protagonistas: Ofilwe y Fikile. Aunque viven en el mismo país y tienen la misma edad, las diferencias entre ambas parecen insalvables, aunque crecen en una sociedad en la que poco a poco las diferencias entre blanco y negros van reduciéndose.


Vengo a esta vieja iglesia porque me siento a gusto en ella. No entiendo nada de su historia. No sé lo que significa la palabra «anglicana» ni puedo explicar cómo surgió. Eso es todo. Las tradiciones de la iglesia son las mías. No tengo otras.


El reflejo social y familiar es clave. Gran parte de la información nos llega a través de las conversaciones cotidianas con sus padres y, también, de las reflexiones personales que, en ocasiones, tienen ese tono de inocente coloquialismo que impregna la esencia de la novela. Y con ideas dispersas, pero poderosas, Nuez de Coco no deja de acercarnos la historia de una coconut que se esfuerza por conocer de dónde surge ese dolor, por qué tanto sufrimiento y qué sentido tienen la autocompasión y la soledad. Por momentos, todo parece hostil. Todo y nada al mismo tiempo.


Nada. Qué palabra más fuerte. Nada.


A mí me enamoran su estilo y su feminismo. Me enamora ser capaz de conocer una parte del mundo que me resulta desconocida, en apenas un puñado de páginas en las que, sin gran esfuerzo, soy capaz de introducirme en el pensamiento y sentimientos de esa niña, de esas niñas, que crecen de manera tan diferente a mí. Y sin embargo puedo creer que conozco esa sensación aunque no la haya vivido nunca. La magia de los libros, que llenan los huecos y nuestras carencias con ese poderío.

Y de leer o, más bien, del lenguaje, que también crea un ejercicio muy interesante. De hecho, muchas palabras aparecen sin traducir del idioma original (según señala una nota editorial, por petición expresa de la autora) y en varias ocasiones se hace alusión a cómo la lengua utilizada (el inglés frente a las lenguas propias) supone una diferencia de clase y de identidad personal. Una vez más un tema que no me es ajeno, pues sigue ocurriendo a diario en las partes más rurales y pequeñas de Galicia, frente a la imposición del idioma central que es el castellano.


No estoy acostumbrada a odiar. El odio me pesa en el corazón. Apesta. Lo huelo pudriéndome las entrañas, noto su sabor en la lengua.


Y mientras, una vez más, comentaba esta lectura con mi amiga y compañera de literatura de Lecturafilia, nos decíamos que esta obra era muy diferente a Florescencia. Que quizás aquella me había gustado más. Pero que en esta primera novela he podido encontrar una nueva manera de entender su literatura, abrir más el abanico y conocerla más. Y al conocerla más (porque volver a las raíces es una manera maravillosa de ver y comprender cómo una mujer puede llegar adonde ha llegado, con las demandas con las que eleva la voz y la lucha implícita en ella misma) más maravillada me puedo sentirme. Más sé lo que quiero y a quien busco parecerme.

Es quizás Kopano Matlwa una de esas mujeres únicas y valientes que han venido a darnos luz a las que ya deberíamos tenerla. Una guía. Una fortaleza en la que protegerse. No sé. Leedla. La necesitáis. 


Estoy aquí sentada. En esta habitación vacía. Una casa vacía. Tengo la cabeza llena. El corazón me explotó hace mucho tiempo. Cuando observo, cuando escucho, cuando leo, debo contenerme. No puedo caer muy hondo, creer con mucha firmeza o aferrarme muy fuerte a nada. Porque ¿Cómo voy a confiar en ti –en ti, madre, en ti, padre, en ti, predicador, en ti, profesor, en ti, amigo– cuando me alrededor todo es mentira y todo me engaña sin piedad? Odio este cinismo que me penetra las venas. Mi mente está cansada de ver a través de ese alambre de púas.


Lanzamiento: marzo 2020
Editorial: Alpha Decay
Traductora: Aurora Echevarría
Páginas: 176
Valoración: Café con leche
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