Café Librería

Nadie muere en Wellington, de Carmen Sereno

Sinopsis: Noviembre de 1999, Londres. Emma lleva una existencia triste y anodina desde la muerte de sus padres, pero cuando la tragedia la golpea de nuevo, decide dar un giro a su vida y empezar de cero en Wellington, la ciudad más feliz del planeta. Allí conoce a David, el misterioso dueño de una pequeña cafetería que la ayudará a instalarse, aunque también esconde muchas cicatrices que lo atormentan.

¿Serán capaces Emma y David de dejar atrás los fantasmas del pasado y concederse una segunda oportunidad?


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Yo no me imaginaba que iba a escribir la reseña de esta novela en confinamiento en mí casa, en un punto de toda nuestra historia en el que no sabemos lo que va a ocurrir. Pero, como todas las anteriores últimamente, esta también la leí estando en el hospital (de acompañante, ya sabéis). Así que los libros que leemos y sobre los que escribimos en estas circunstancias impriman en nosotras de una forma demasiado especial. Yo me voy a dejar llevar, perdonadme de antemano. Estoy en mi casa (la del mundo físico, la mía; y esta, la del mundo digital, la vuestra) poniéndome cómoda y sujetándome los sentimientos para que no se vayan por todas partes.


Acababa de darme cuenta de dos cosas y supe con certeza que el descubrimiento iba a romper todos mis esquemas mentales. La primera, que las muertes que no duelen tarde o temprano acaban haciendo daño. Y la segunda, que ni siquiera yo tenía tanta resistencia.


Carmen Sereno es periodista y escritora (Barcelona, 1982), sobre la que ya he hablado con anterioridad en A Librería cuando la entrevisté y reseñé sus dos primeras novelas: Maldito Síndrome de Estocolmo (2017) y Azul Estocolmo (2019), también publicadas bajo el sello CHIC de Principal de los Libros.

Con Nadie muere en Wellington sigue manteniendo la escritura encuadrada dentro de la novela romántica, pero la textura literaria de la historia de resiliencia y superación de Emma es completamente diferente. El drama intimista de la mujer protagonista es el arranque de esta novela, huérfana de padre y madre pero resuelta a seguir peleando, vive con su tía en el Londres gris de 1999 y trabaja en un depósito de cadáveres. Este telón de fondo parece sacado de una película de Tim Burton, en efecto. No me pasó desapercibido ya en un primer momento el afán que mostraba Sereno por magnificar los detalles de su escena (algo que pasaba de manera más exigua en su anterior bilogía).


Recordaré toda la vida cómo la piel caliente y áspera de su palma se fundió con la mía como si fuera un ungüento contra todos los males del mundo. Allí donde acababa la carretera de Owhiro Bay Parade comenzaba un camino de piedras un tanto escarpado llamado Red Rocks Walkaway que bordeaba la línea de la costa al pie de las colinas.


Pero cuando la tragedia la azota de nuevo, y fiel a su espíritu de fortaleza (que no es frialdad ni falta de sensibilidad exactamente) decide abandonar a su pareja en la ciudad y su trabajo y embarcarse a Wellington (capital de Nueva Zelanda), siguiendo lo que parece una señal del destino. Por qué la autora catalana elige ese lugar tendréis que preguntárselo a ella. Como lectora, he disfrutado enormemente de este cambio de escenario.

La negrura y los cadáveres de Londres cambian por el sol, el surf y la forma de vida de sus gentes, ajenas al temido efecto 2000 que está a punto de ocurrir. Allí, Emma topará con la otra pata de esta historia de amor: David. David es propietario de un café donde se dedica a cocinar bagels de madrugada y a servirlos durante el día. Un chico taciturno, encerrado en sí mismo y magullado por el pasado, que sabrá encontrar en Emma una vía de escape de su propio infierno. Aunque, por supuesto, eso todavía no lo saben.


Los recuerdos prevalecen para guiarnos de la forma adecuada y recordarnos quiénes somos. Pero no olvides esto: nunca estarás sola porque familia significa inmortalidad.


La narrativa de Carmen Sereno aquí es pausada, dedicada a las descripciones y al desarrollo de la rutina de los personajes, dejando más de lado los diálogos largos, para acomodarse en conversaciones mucho más intensas y más libres de tópicos. Colma de una belleza visual y personal el acercamiento romántico de Emma y David, traspasando esa propia luz a nosotras mismas y anhelándonos sentir lo mismo que ellos empiezan a sentir.


Nuestras vidas son meros ciclos cortos que, una vez completados, revelan que nada ha cambiado. En cambio, el milagro de la naturaleza es infinito; su belleza perdura inmutable al paso del tiempo.


No puedo decir mejor descripción de estas páginas, que son de una lectura cómoda, dividida en los puntos justos y entretenida y dramática en un equilibro exquisito, mostrándose como una novelista actual y experimentada, que escribe con astucia, con belleza e inteligencia. Desde luego, una de las voces emergentes de la novela actual que ha venido para seguir creciendo y pisando fuerte. Y cada vez, mejor.


Lanzamiento: marzo de 2020
Editorial: Principal de los Libros (Chic)
Páginas: 384
Valoración: Capuchino
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