Café Librería

Me desperté con dos inviernos a los lados, de Elsa Veiga

Sinopsis: La joven Cara Piqueres vive con su familia en una gran ciudad y lleva una existencia aparentemente normal, pero cuando llega la noche y el padre regresa a casa, precedido siempre por la Sombra, comienza la pesadilla. Gracias a los cuentos que le narra su hermano Nato a los pies de la cama, antes de dormirse, y a su imaginación, Cara intentará esquivar el dolor y la ira que se instala a diario en el hogar.

Cuando la situación se vuelve insostenible, toma una decisión tras la que ya no es posible dar marcha atrás. Un objeto heredado de madres a hijas irá marcando los destinos de tres generaciones de mujeres víctimas de la violencia y el maltrato.

La autora recrea con meticulosidad una atmósfera doméstica opresiva en la que apenas hay respiro. Su estilo narrativo nos lleva de la desdicha a la esperanza a lo largo de toda la novela. Somos nosotros, finalmente, los que decidiremos en qué lugar quedarnos.


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Mi tercera lectura del cofinamiento. Me pregunto qué hacen ahora las personas que no leen, que no tienen a su lado un arma tan poderosa como la cultura de los libros que ahora nos están salvando tanto la vida. Y tuve la suerte de hacerme con un buen paquete de lecturas en mi querida librería Berbiriana antes de que se desatase esta terrible situación. Vivo sola y, sin embargo, nunca me he sentido tan acompañada. Me desperté con dos inviernos a los lados es una buena manera de titular cada mañana de los últimos días.

Seguía a Elsa Veiga en Twitter desde hacía tiempo. Me gustaba su trabajo y su divulgación. Cuando me enteré de que iba a ser el nuevo título de la editorial Tres hermanas lo reservé de inmediato. Buceando en su biografía, encuentro el poemario Manejamos la pena, publicado por Torremozas en 2016. Ella es licenciada en Filología Hispánica, redactora y crítica literaria. Se dedica a la edición de textos para editoriales y también pone voz a diferentes audiolibros.


Mamá pagando la culpa, mamá anulada para siempre, mientras la Sombra, de perfil, escuchaba tras la puerta, como de refilón acaba de verla ella entre las tumbas.


Esta novela es del tipo de obras que siempre ansío encontrar. Genuinas, sencillas, dolorosas, con esperanza y belleza, abriéndose paso entre el dolor y la tragedia personal. Sobre todo la que se labra en casa, a una edad joven. A la edad tierna donde todo debería ser más sencillo. Quizás he conectado con Cara más de lo que me gustaría admitir. Por eso he abrazado esta historia con fuerza y todavía no he sido capaz de soltarla.

Me va a costar escribir esta reseña. ¿Me perdonáis? Cuando una historia me llega tan adentro, se me atraganta la creatividad, se me nubla la vista. Y lloro (quizás, quizás, lloré mientras lo leía, y lloro ahora mientras escribo lo que me ha traspasado y transmitido). No importa. Es un llanto que calma, que aminora. Que nos recuerda que también esto pasará.


Era como si la hostilidad del mundo solo se hubiera creado para atormentarla. Y además estaba lo de sus padres, como una carga que hubiera de soportar hasta que finalmente muriera de vieja, por falta de audacia, por no ser capaz de enfrentarse con energía a los dramas de las vidas de los demás.


Está dividida en cuatro partes, con títulos que recuerdan a las historias de la niñez, de las abuelas. Aquellas que siempre quise saber escribir. Viajamos entre 1938, 1970 y 2005. El argumento principal gira entorno a la violencia machista, fuertemente denunciada y relatada con una sinceridad escalofriante. A veces hace daño leer estas historias, pero por algún motivo sigue siendo tan necesario que lastima. Pero solo con este conocimiento podemos llegar a vencer esta poderosa lacra.


Era la primera vez en años que escribía sobre sí misma, o al menos sobre lo que estaba sucediendo a su alrededor, sin que lo escrito se viera teñido por la ficción, por alguna historia ajena del todo a ella misma.


Su novela ya no estaba en las estanterías. Descatalogada y perdida, no volverían a editarla. En algún momento entre la escritura de la novela y el intento de desaparecer, recibió una carta de la editorial que le comunicaba que si en el plazo de un mes no recogía los cien ejemplares sobrantes de su obra, los destruirían. No llegó, o no quiso llegar, a rescatarla.


Acompañar a Cara e intentar ayudarla es como intentar hacerlo a nosotras mismas. A las mujeres, a nuestras madres, a nuestras abuelas. También a las escritoras que llevamos dentro (como podéis comprobar en las citas de más arriba, la literatura tiene un componente importante, también terapéutico, también de identidad). Resulta curioso que viniendo de parte de una poeta, encontremos una prosa tan sutil, cercana y ágil. Con diálogos más cercanos a lo coloquial que al artificio de la narrativa de ficción.

En fin, es muy difícil saber qué decir y qué no decir. Pero si sois de las que seguís mis reseñas desde hace tiempo… sabéis que cuando recomiendo un libro con contundencia lo hago con honestidad. Os gustará. Será de vuestros favoritos. Os lo prometo.


Cuando uno se despierta con dos inviernos a los lados ha de preguntarse de dónde vienen y de dónde son, como si se tratase de nuevos seres de carne y hueso que hubieran entrado en nuestras vidas y nos interrumpieran la rutina, que de cotidiana es hermosa.


Lanzamiento:  marzo de 2020
Editorial: Tres hermanas
Páginas: 201
Valoración: Moka y chocolate
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