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Cuarenta mil años sin ti, de Paula Gil

Sinopsis: Laia es una española que vive en San Francisco y que ha visto cómo los avances tecnológicos arruinaban su carrera profesional. Es el año 2035 y la inteligencia artificial ya está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana. Los coches autónomos han sustituido finalmente a los conductores, la realidad virtual ha eliminado la necesidad de profesores y robots de aspecto más o menos humano limpian nuestras casas o cuidan de nuestros hijos. Laia, traductora de profesión, no puede competir con un programa de software que traduce mejor que una persona y ahora, a punto de convertirse en madre, busca reorientar su vida sin saber bien hacia dónde.

Sin embargo, una serie de inquietantes accidentes provocados por androides desatarán el pánico. La sociedad comienza a desconfiar de las máquinas y Cariyax, una empresa estadounidense de biotecnología que ha conseguido clonar animales extintos como el dodo, aprovechará esta crisis para hacer negocio. Las siguientes especies que intentará resucitar no serán animales, sino homínidos, concretamente neandertales y denisovanos destinados a ser vendidos como esclavos y hacer el trabajo que ya nadie quiere dejar en manos de robots.

Es en este momento cuando Laia conoce a Tessa, una joven embarazada como ella que guarda un importante secreto en su interior. Ambas forjarán una amistad inesperada en una sociedad convulsa, amenazada por el cambio climático y la difusión de nuevos virus, divida entre aquellos que abrazan la realidad virtual, la inteligencia artificial y la ingeniería genética y aquellos que preferirían volver a épocas pasadas.


cuarenta mil


Jugáis a ser dioses pero no habéis aprendido a ser humanos.


Paula Gil García (Madrid, 1975) trabajó como corresponsal de la Agencia EFE y fue colaboradora del diario Cinco Días en Berlín, Fráncfort y más tarde en San Francisco. En la actualidad vive en Madrid y es profesora. La que nos ocupa es su primera novela publicada aunque trabaja ya en un segundo manuscrito de ciencia ficción.

Como podéis deducir de la sinopsis, estamos ante una distopía que se ambienta en el futuro reciente, apenas una década después de nuestro presente. Pero ese mundo ha cambiado mucho en poco tiempo; ahora los automóviles son automáticos, apenas se utiliza el dinero en efectivo, los robots hacen casi todo el trabajo del ser humano, el cambio climático ha hecho que se derritan los polos y nuevos virus con capacidad de crear pandemias salen del hielo. Además, la gente lleva una pantalla llamada brac implantada en su propio brazo que hace las veces de teléfono inteligente, navegador de internet y que incluso permite pagar las compras.


El tratado de Lisboa velaba porque las máquinas no fueran nunca más inteligentes que el hombre.


En cuanto a los personajes, además de Laia y Tessa, que se hacen amigas por casualidad, tenemos a los miembros de Cariyax, en especial a Mónica Black. Se la muestra como una mujer bastante fría, poco sociable y torpe para relacionarse. Su jefe, Christopher Parker parece el típico ejecutivo sin demasiados escrúpulos que mira por la empresa y por su crecimiento en ella. Ambos se saltan la ética al clonar seres humanos, como son los neardentales y denisovanos, para venderlos como esclavos. Los miembros de la empresa son hasta cierto punto los villanos de esta obra. Por si fuera poco, esos niños nacen de vientres de alquiler de madres humanas. El conflicto ético que plantea la novela es un ingrediente fuerte y que bastó para llamar poderosamente mi atención. Sin embargo, por cómo se desarrolla, creo que la autora le pudo sacar más provecho a esta situación. En cierto modo, me ha decepcionado un poco en ese aspecto.

Algo que me ha entorpecido un poco la lectura ha sido el narrador y que el protagonismo de la novela está muy repartido. Por una parte tenemos a Laia, que nos cuenta su presente y su pasado, las diferencias entre el Estados Unidos donde vive con su marido Mark y el Madrid de donde procede y que ve a través de las videollamadas a sus padres. Por otro lado percibo una voz diferente que nos acerca a otros personajes en tercera persona sin ser parte de la historia, aunque en ocasiones dudo de si es Laia quien cuenta esos pasajes con los que no está relacionada directamente. El protagonismo se diluye demasiado, se enfoca en demasiados personajes (Laia, Tessa, los attachers, diferentes miembros de Cariyax…) sin seguir una línea clara y eso también me ha despistado un poco.


Así me sentía yo, como un espíritu en el mundo de otros.


Sin embargo, la narración fluye bien, no resulta excesivamente complicada de leer ni se mete demasiado con aspectos científicos que serían poco comprensibles para los lectores en general. El ritmo es bastante pausado pero adecuado para la historia, no se describe en exceso y permite una lectura ágil. A veces se echa en falta algo más de acción y otras que se detalle un poco lo que ocurre en vez de contarlo a grandes rasgos.

En lo que se refiere al worldbuilding es uno de los pilares de esta obra y lo que más me ha gustado, sobre todo en los aspectos sociales. Tenemos un mundo hiperconectado y muy dependiente de la tecnología, bastante similar a nuestro presente y a cómo podemos imaginar ese futuro cercano. Los incidentes con robots al cuidado de personas dependientes o niños pequeños preocupan mucho a la población. Hay grupos de personas que deciden vivir con la tecnología que había en 1990 porque comienzan a desconfiar de la actual y son más recelosos con sus datos personales. Son los llamados attachers, que forman sus propias comunidades aislados del resto de la sociedad.


Mis padres se habían quedado en Facebook y WhastApp, y todo aparato a partir del iPhone les parecía tecnología de ciencia ficción creada para eliminar a la raza humana.


La acción transcurre durante muchos años y hay algún salto temporal perfectamente definido. Cuando todo comienza, Laia descubre su embarazo de Zoe. Al terminar la narración, esta ya no es un bebé, sino una joven doctora en medicina. Lo mismo ocurre con Tessa y su hijo Lars, cuyo protagonismo es aún mayor. Se abusa un poco de describir lo que ocurre a grandes rasgos, sobre todo hacia el tramo final de la novela. La conclusión de la historia queda bastante abierta y, aunque se comprende bien, deja muchos hilos sueltos.

Concluyendo, tenemos una novela de ciencia ficción distópica que trata temas actuales muy interesantes; en especial conflictos éticos como los vientres de alquiler, los límites del uso de la biotecnología, el empleo de robots para sustituir a los humanos y su impacto en el mercado laboral, etc. Como bióloga y lectora que soy creo que estos temas están bien documentados pero se han tratado de modo bastante superficial y que se les podía haber sacado más jugo. Además, en cuanto a técnica, la novela podía estar mejor ejecutada, por ejemplo en la manera de narrar. En algunos aspectos se nota que se trata de una primera novela, sobre todo hacia el final. Sin llegar a disgustarme, no ha sido una lectura que me haya convencido del todo. Sin embargo, la obra es entretenida y se deja leer bien. Puede interesaros si os gustan las distopías y os atrae tener otra visión de los conflictos éticos que plantea.


·Lanzamiento: 2020
·Editorial: NowEvolution
·Número de páginas: 200
·Valoración: Café soluble
·Enlace de compra

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