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Hellblade y Barro, de Alicia Pérez Gil: el descenso a un mundo onírico

¡Hola a todas y bienvenidas una vez más a nuestro Café Librería!

Ese es el saludo típico de nuestros vídeos y del podcast, y como esta entrada está relacionada directamente con un vídeo que subimos hace unas semanas a YouTube, no podía no utilizarlo.

Hoy quiero comparar, de manera muy parecida (casi calcada, pero sobre todo para las personas que prefieran leer a ver un vídeo y sientan interés por la temática) a cómo lo hice en el mencionado vídeo, dos piezas de ficción con muchas similitudes: la novela corta Barro (2020), de Alicia Pérez Gil y Hellblade: Senua’s Sacrifice (2017), el videojuego independiente publicado por Ninja Theory.



¿De qué va cada obra?

En Barro seguimos a Alicia, una chica cuya hermana, Lucía, ha sido encerrada en un centro psiquiátrico y que se ha convertido en una sombra; sus padres no le permiten siquiera hablar de ella. Alicia sueña con marcharse de casa y vivir una vida con sus amigos, que son las personas a las que quiere de verdad. Pero la muerte de Lucía obliga a Alicia a ir al centro a recoger sus cosas. A partir de ahí, una puerta que conecta dos mundos se traga a Alicia cuando cierra los ojos, y esta pierde su nombre y su memoria. Esto de cerrar los ojos va muy relacionado con Senua, que cuando cierra los suyos siente que puede llegar a cualquier lugar.

En Hellblade nos ponemos en la piel de Senua, una guerrera celta que padece psicosis (su padre, que es sacerdote, dice que está maldita). A partir de esta premisa, la acompañamos en un viaje a Hel, el mismísimo infierno nórdico, para buscar a Dillion, su amado fallecido.


¿En qué se parecen?

Las dos obras, tan alejadas en contexto histórico, tienen mucho en común, y son muestras de cómo narrar un descenso a la locura en un ambiente fantástico. Ambas son obras fantásticas bellas y oscuras al mismo tiempo, y en ellas priman las ilusiones, las metáforas y se caracterizan por exigirle mucho al lector o jugador.

Las similitudes empiezan desde el propio planteamiento. Se tratan enfermedades mentales en ambas obras, aunque en Hellblade la psicosis es el eje central a través del que gira todo: jugabilidad, historia, mecánicas y escenarios. En Barro, la enfermedad mental de Lucía y su consecuencia final es el motivo por el que Alicia desea largarse.

La pérdida es el motivo por el que se emprende el viaje. En Hellblade, Senua es la que decide visitar Hel, el infierno nórdico, para enfrentarse a la diosa Hela y sacar de allí a Dillion. En Barro, en cambio, es cuando la protagonista busca un momento de calma mental que cae en ese mundo fantástico. El viaje tiene dos sentidos al mismo tiempo. Se viaja a un lugar fantástico en el que se busca algo (aunque Alicia no sepa el qué) y, al mismo tiempo, las dos protagonistas realizan un viaje interior. Los obstáculos que se encontrarán en este viaje son metáforas de la identidad perdida, de su pasado y de la vida que han llevado. En ambos casos. Ese mundo fantástico al que llegan parece moldearse a partir de estos elementos.

La identidad es otro tema que se trata en ambas obras. Senua sufre psicosis, y ha luchado contra su propia identidad, que se encuentra diluida entre las voces que oye en su interior, que parecen cumplir cada una un papel (la animan, la menosprecian, la ayudan, hacen que se cabree…) por culpa de su condición, durante toda su vida. Su padre, la guerra y las plagas que sufrió también influyen en ella en este sentido. Alicia llega a un mundo extraño y pierde sus recuerdos hasta el punto de no acordarse ni de su nombre. Su personalidad se encuentra diluida, al mismo tiempo, entre su gemela y ella, y deberá recobrar sus recuerdos aun sin saber que los ha perdido. Sus padres y la sociedad en la que vive no quieren que cumpla su sueño de vivir una vida tranquila. La vida tranquila, sin sombras, es lo que ambas protagonistas parecen buscar. También hay un componente onírico muy fuerte en ambas obras. En Hellblade era inevitable por la condición de su protagonista, y en Barro también; el mundo extraño y la pérdida de la identidad pueden dar lugar a situaciones de este estilo.

Otra similitud es que da miedo ver a través de los ojos de ambas protagonistas. A través de los de Senua porque creer su realidad está distorsionada es aceptar que la tuya también lo esté. En el caso de Alicia porque ella afronta las situaciones tal y como le vienen. Las acepta, y esa fuerza que demuestra es algo que da miedo. Recordemos que sus padres no le permiten hablar de su hermana, pero que ella quiere hacerlo porque la quiere y se preocupa por ella. La figura de los padres disfuncionales también es algo que aparece en ambas obras.

Incluso hay en ambas obras un pequeño (pequeñísimo) espacio para el humor. La historias de Druth (una de las voces que oye, un ermitaño que conoció en la espesura) en Hellblade ponen de manifiesto algunas costumbres de los dioses como convertir a la gente en vaca o crear muros con las cejas de un gigante. En Barro, el tono es más satírico: por ejemplo, el recepcionista del centro psiquiátrico donde está encerrada Lucía se quita una pelusa de la camisa que solo él ve.


¡OJO! A PARTIR DE AQUÍ HAY LIGEROS SPOILERS

Recuerdo que Alicia Pérez Gil dijo en su día que si a alguien le costaba entender Barro, que la imaginara como los niveles de un videojuego. Incluso podría decirse que Barro tiene más de esto que Hellblade, pues mientras Senua se mantiene en un estado mental del que no puede huir, Alicia sí logra crecer.

Senua llega remando a una orilla que conduce a tierras fantásticas. Debe enfrentarse a Surtur, el dios del fuego, y a Valravn, el dios de la ilusión en sus mundos para lograr abrir la puerta que lleva a Hel. Alicia, cuando desciende a este lugar, parece toparse con una suerte de Caronte que la ayuda a cruzar. LLega así a la aldea de barro, donde debe realizar figuras de barro para ascender. Así llega a Ciudad Jesh, un lugar que parece caricaturizar a la élite social y que será la clave para que Alicia vuelva a su mundo.

En ambos casos se da una ruptura con la realidad para descender a un mundo fantástico. En el caso de Hellblade el contexto es mucho más oscuro, pero no por ello el de Barro deja de ser desesperanzador. Incluso más terrorífico si analizas según qué aspectos.

El viaje de ambas también es una metáfora de la aceptación de la muerte. Y dejan que el lector o jugador llene los huecos e interprete a su manera si lo que sucede pasa en la mente de las protagonistas, fuera, o en ambos lugares.

En mi opinión, lo más importante de ambas obras es que son atrevidas, frescas, y tratan temas que no todo el mundo está dispuesto a tratar en medios como la literatura o los videojuegos. Las dos te incitan a seguir leyendo o jugando para saber qué va a pasar a continuación.

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