Café Librería

Jon Gutiérrez, una reseña

Una previa: Esto no va a ser ni una reseña de Reina Roja, ni de Loba Negra, de Juan Gómez-Jurado. Esto va a ser una aproximación personal a uno de sus protagonistas: Jon Gutiérrez.

Un aviso: este artículo no va a contener spoilers sobre las tramas principales de Reina Roja, ni de Loba Negra. Juan, su autor, pide explícitamente que evitemos desvelar los giros y así será.

Y una disculpa: mi lectura de las dos novelas ha sido auditiva, en la impecable narración de Nikki García. Me dejé llevar por la voz, sin pausas, sin parar a tomar notas, como suelo hacer en los libros (en un papel a parte, nunca en el libro, no sufráis). Así que es más que probable que se me hayan escapado detalles y confunda elementos.


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Pero vamos a ello.

Jon Gutiérrez: vasco, gay, policía, grande, que no gordo. Estos podrían ser algunos elementos clave que definen al personaje, luego entraremos en ellos, y cómo conviven. Podríamos añadir que no le ha ido bien en el amor (eso también lo comentaremos), que vive con su madre y que ha sido levantador de piedras.

Jon es un personaje que funciona muy bien. Es el compañero de fatigas de la reina roja, Antonia Scott, un personaje que no me llamó tanto la atención. Eso no quiere decir que no me gustase o que estuviese mal planteado, al contrario: los personajes de Juan Gómez-Jurado son sólidos, pero era un personaje que ya he visto y leído. En los géneros fantásticos ya nos hemos encontrado con personajes que, por su inteligencia, no encajan en su entorno, y ese es uno de sus arcos argumentales. Y, a ver, Scott y Gutiérrez no dejan de ser unos trasuntos de Holmes y Watson, en un homenaje muy bien construido al clásico. Y aquí viene una de las claves de Jon: Gutiérrez es como el Watson de las novelas, no el contrapunto cómico de Sherlock Holmes que ha llegado a ser en muchas adaptaciones, sino un investigador con un punto de vista propio, puede que más terrenal. Scott y Gutiérrez, como Holmes y Watson, son compañeros investigadores: uno necesita del otro, y se nota el respeto del autor al equilibrar roles (diría que más en la segunda entrega, Loba Negra).

Pero esta reseña aparece al terminar el mes del orgullo y yo venía aquí a hablar de cosas LGTBQ+. Como decía un par de párrafos arriba, Jon Gutiérrez es vasco, gay, policía, grande, que no gordo. Y añado otro dato, es todo eso a finales de la década de los 2010. A ver si me sé explicar. Jon es policía en Euskadi, y no es lo más fácil de ser allí: cierto es que el momento en que transcurre la acción, el contexto es, como decirlo, más calmado, pero no ha sido ni es fácil ser policía allí, aunque ahora las cosas sean más fáciles. Luego, Jon es un policía gay, creo que podemos decir que los cuerpos de seguridad tienen un trasfondo machista importante (es algo que se recoge en las novelas) y ser gay tampoco debe haber sido lo más fácil para Jon. Puede que algo más que décadas antes, pero fácil tampoco. Y Jon tiene un físico poco normativo (“es grande, no gordo”, se repite una y otra vez) y supera la cuarentena y sigue soltero… Y eso siendo gay no siempre es fácil.


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Y en esa construcción de Jon Guitérrez me maté.  En cierta manera Jon es un espejo en el que reflejarme, o un reflejo de los gays que estamos en esa edad en este país. Ser gay para mí, por suerte, nunca ha sido un gran problema (no he tenido episodios difíciles o violentos, soy consciente de la suerte que he tenido) pero no ha sido fácil (no me enrollaré en eso: en el mundo heteronormativo en el que hemos crecido no nos ha salido gratis). Me gusta esa verdad que emana Jon: podría haber sido yo, tiene retazos de muchas personas que he ido conociendo y que forman parte de mi entorno. Con suerte, ser gay es solo un poco más difícil que ser hetero, pero ese poco que puede ser agotador, ese poco que llevas en una mochila y vas cargando toda la vida. Esas pequeñas afrentas que, aunque digas que no te hacen daño (que es cierto) van cargando la mochila de piedrecitas.

(Nota para insistir en algo, en ese “con suerte”. Formar parte de la comunidad LGTBQ+ no es fácil, más para unos colectivos que otros, pero somos, o debemos ser un mismo colectivo. En el caso de Jon, o el mío, la vida no nos ha dado grandes palos por ello, pero eso no quita el dolor, sufrimiento, violencia y muerte que siguen afectando a personas dentro del colectivo en nuestro país y fuera. Y, por esas personas, luchamos).

Jon es un tipo soltero a quien no le ha ido bien en el amor. Esto podría ser un tópico demasiado habitual en personajes del colectivo: que el amor acaba mal siempre. Pero no creo que sea el caso por dos motivos: A Antonia le va igual de mal o peor, y se hace mucho más llevadero para el autor tener personajes que puedas mover en la trama sin el peso de un marido o de un novio (los que habéis leído alguna de las novelas, sabéis que engaño un poco). Pero Jon es un animal de pareja, que busca el amor. Hay un par de momentos en Loba Negra tremendamente reales: Jon saliendo de una sauna, donde ha vaciado el cuerpo pero no ha llenado el alma; Jon esperando noticias en Grindr de un veinteañero con el que estaba ligando y que pasa de él. Hace unos años leí un artículo sobre ser gay soltero en grandes ciudades: el vacío que había detrás, el uso y abuso del sexo para llenar emociones que no hacen más que vaciarte… No os puedo referenciar la fuente, porque no la encuentro. Recuerdo comentar el texto con un amigo que entonces estaba soltero y cómo se sentía perfectamente reflejado. La comunidad gay vive en una fuerte disyuntiva cultural de una aparente superficialidad y un doloroso sentimiento de soledad. Eso daría para una reflexión que escapa a esta reseña, pero Jon nos habla de ello.

Si un día puedo hablar con Juan, quiero que me cuente como ha construido a Jon. Hasta donde sé, Juan es un tipo cis-hetero casado con una mujer maravillosa (besos, Bárbara). Hay reflexiones anteriores que sé que les cuesta a muchas personas hetero entender, por muy buena intención que le pongan. Y les cuesta porque escapa de sus vivencias y de su marco de experiencias. Es lo mismo que me pasa a mí con las mujeres y el feminismo o las personas racializadas: que puedo hacer todo el esfuerzo posible para deconstruirme, intentar empatizar o aprender a partir de comparaciones con vivencias propias, pero no podré sentir como sienten y eso dificulta mi papel de autor: podemos intentarlo, pero difícilmente alcanzarlo. Así pues, admiro mucho a Juan por haber creado a Jon, por darle tanta verdad, por poder sentirme tan cercano a él.

En el frecuente debate de la necesidad de crear e incluir personajes no normativos, mi opinión es que eso es decisión del creador, de quien escriba. Debe hacerlo si lo hace porque quiere esos personajes, no porqué es algo que el contexto social le pida. Porque, al final  eso se nota: si un autor no sabe cómo crear un personaje no normativo lo llenará de tópicos que no ayudan. Si un autor cree en esos personajes, como ha demostrado Juan Gómez-Jurado, creas alguien tan de piel como Jon Gutiérrez.


Adenda: Juan Gómez-Jurado, una reseña

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Reina Roja y Loba Negra son mis primeras aproximaciones a Juan como escritor. Soy de los que han llegado siendo fan de sus podcasts. Tenía miedo a que me defraudara como escritor, y me daba algo de vértigo meterme en novelas muy largas. Pero poco antes del confinamiento me dio por hacer deporte y lanzarme a los audiolibros, y Reina Roja fue la elección. Luego nos encerramos en casa y acabé como pude. Con el fin del confinamiento, y la vuelta al deporte, quise que me acompañase Loba Negra… Que me enganchó mucho más. Así que con Juan he hecho el doble check de fan: como podcaster y como escritor.

Reina Roja y Loba Negra son valientes en otros aspectos. En Reina Roja, Juan le da con la mano abierta al poder económico de este país, y a dos de sus figuras más reconocibles. Así, guantazos a lo que representan, a lo que hacen o han hecho, a su prestigio, a sus mentiras repetidas una y otra vez. En Loba Negra se atreve con otros poderes (no entro en detalles por eso de no desvelar las tramas).

Para los lectores del género: Reina Roja y Loba Negra son novelas rellenas de referencias frikis y a la cultura pop, las páginas rebosan de ello, y te sacan muchas sonrisas cómplices. Disfrutadlo.

Hablando con una amiga compartimos que Juan podría escribir lo que le diese la gana, que tiene el talento, el conocimiento, la técnica y la capacidad para construir la historia que quiera. Para mí, es de admirar como ha sabido construir tres narrativas: novela policíaca/negra/thriller para adultos, fantástico juvenil (Alex Colt) e infantil (Rexcatadores, junto a Barbara Montes). En un debate constante en el sector sobre cómo pueden los autores conseguir vivir de esto, creo que Juan ha hallado un camino digno y a tener en cuenta: escribir obras que se puedan vender bien, escribir para públicos diferentes ampliando su mercado y consiguiendo ventas cruzadas… Y saber mantener un personaje público en los podcasts y otros formativos audiovisuales que potencia su vertiente de escritor. ¿Esto es fácil? No. ¿Vale para todo el mundo? Tampoco. Pero demuestra que hay caminos para ello. Caminos que pasan por trabajar mucho y escribir más.

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