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La canción del cuco, de Frances Hardinge

Cuando Triss despierta después de un accidente, sabe que le ha pasado algo extraño y terrible. Tiene un apetito voraz e insaciable, se despierta a menudo con el pelo lleno de hojas y su hermana le tiene miedo. Y cuando ya no puede más y se echa a llorar, las lágrimas son como telarañas… Intenta recordar qué le pasó, pero alguien parece haber arrancado sus recuerdos. Lo que le sucede es más terrible de lo que imagina y le llevará a embarcarse en un viaje en el que conocerá a un enigmático arquitecto con oscuros designios para su familia.

Reseña

Pen había encontrado un refugio donde podía decir groserías y tener malos modos, y donde el interlocutor podía responder también con groserías y malos modos, y, a continuación, todo el mundo podía sentarse a comer plátanos sin hostilidad alguna.

Igual que en El árbol de las mentiras. Hardinge aprovecha el punto de vista y las dificultades de una protagonista muy joven para hablar de algo tan escurridizo como la verdad.

Pero no la verdad absoluta y objetiva, que eso no existe. Sino la verdad de la vida. Faith, como Trisa o Notriss confiaba ciegamente en su padre y su padre la decepciona. La verdad de las familias es esa, al menos en los libros de esta autora: que las convenciones y los sobreentendidos sustituyen a la verdad de lo que son las cosas para convertirse en ellas. Por eso, en ambas novelas vemos un mundo construido con finas líneas, tan precisas y bien colocadas, que no pueden ser más que cobijas de cartón piedra. Por supuesto, en cuanto la realidad se abre camino, porque para eso está, el caparazón se quiebra y lo que está dentro sale a relucir.

Faith, la protagonista de El Árbol de las mentiras, parte de una serie de certezas a las que no tiene más remedio que renunciar. Notriss o Trissa surge tan in media res en La canción del cuco, que ni nosotras ni ella sabemos quién es, de dónde sale ni qué es lo que pasa a su alrededor. Solo otro personaje, de menos edad todavía, conoce la esencia verdadera de la protagonista: Pen, la hermana pequeña.

Estas dos niñas se enfrentan a un mundo de adultos cuadriculados, ricos y bienintencionados que están a punto de matar a la mayor y traumatizar para siempre a la primera. Porque, como dice el dicho: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Por supuesto, Trissa y Pen no deben enfrentarse solo a sus padres, sino también a seres de otra dimensión: criaturas mágicas que solo pueden sobrevivir en los márgenes del mundo.

La Primera Guerra Mundial

—[…]No es muy recomendable que una chica de una familia respetable trabaje como hace ella…

—… con la de hombres desocupados que hay ahora… —añadió la casera.

Siento las referencias continuas a El árbol de las mentiras, pero de verdad creo que estos dos libros son complementarios en su tratamiento del espacio, de las convenciones sociales y de las relaciones humanas, así que de nuevo procedo a compararlos. En aquel, Faith se enfrentaba a los cambios que traía el fin de siglo y a los descubrimientos científicos. En La canción del cuco también hay cambios, pero no los propicia la ciencia, sino la guerra, que puso la sociedad cabeza abajo; y la industrialización, sin la cual la guerra no habría sido la misma.

En El árbol de las mentiras se habla de descubrimientos y en La canción del cuco de que esos descubrimientos ya no son posibles. Faith debe enfrentarse al hecho de que la tierra y el conocimiento sobre las cosas cada vez es más grande, pero le está vedado por ser mujer. Trisa y Pen se enfrentan a que el mundo que se había abierto a la participación femenina mientras los hombres estaban en el frente, se hace más pequeño cuando estos vuelven.

En ese contexto, los seres mágicos se encuentran en una situación trágica. No pueden vivir en terreno habitado por seres humanos y la industrialización, el transporte y la cartografía han reducido mucho sus posibilidades de subsistencia. Por eso están más enfadados que nunca y harán lo posible para conquistar un terreno en el que asentarse. Ahí entra en juego el padre de Trissa y Pen, un ingeniero menos recto de lo que cabría esperar.

El otro, el doble y la verdadera naturaleza

—Triss, escúchame bien —dijo Trista, se volvió y quedó cara a cara con su otra yo—. Te pido que saltes.

Trissa o Notriss, pues cambia de nombre a lo largo de la novela como, ya sabéis, la protagonista de Barro (aunque no sé cómo de feas están las autorreferencias cuando se habla de libros ajenos) no es la hija del ingeniero ni la hermana de Pen. Aunque cuando empieza la novela cree que sí.

El descubrimiento de su verdadera naturaleza la asusta y asusta a sus padres, pero no a su hermana. Los niños, en la tradición literaria, igual que los borrachos y los bufones, tienen el don de ver y decir la verdad. Y ese es el papel de la hermana pequeña, que es la que echa a rodar la historia en realidad.

A partir del momento en que las dos niñas se alían, la novela se convierte en una sucesión de aventuras trepidantes y oscuras. De hecho, el grueso del libro es precisamente eso: una novela de acción en la que el doble, la sustituta, el cuco, es quien se encarga de que las aguas vuelvan a su cauce. Y para conseguirlo, no le queda más remedio que mirarse en el espejo de la verdad, que es su hermana pequeña. Una vez que asume quién es, puede llevar a cabo la siguiente tarea: enfrentar a los demás a sus propios reflejos. Así, la trama va cayendo como uno de esos tapices de piezas de dominó. Una delicia, la verdad.

La de arena

La canción del cuco tiene tantas capas, habla de tantos temas e incorpora una mitología tan colorida y atractiva que parece imposible echarle algo en cara. Pero ninguna novela es perfecta y a esta le falta un punto de emoción. Pasan tantas cosas en tan poco tiempo que resulta difícil pararse y asimilarlas. A mi cerebro el libro le ha sentado mejor que una Coca-Cola a alguien perdido en el desierto, pero a la parte más emocional de mí le ha faltado algo. Quizá sea todo demasiado quirúrgico, esté demasiado bien pensado. Al contrario que a la protagonista, a la novela no se le descosen los hilvanes y eso la hace un poco lejana.

Conclusión

La canción del cuco es una novela juvenil llena de fantasía, aventuras, drama y oscuridad en la que los más jóvenes disfrutarán de escenas perturbadoras (pero no traumáticas). Lo mejor sin duda es el trasfondo, los deditos de los monstruos de debajo de la cama que asoman entre las sábanas y que son las convenciones sociales, la incapacidad para mirar dentro de uno mismo y la manía del ser humano de dar las cosas por supuestas. Te gustará si te gustan las novelas bien construidas, con mensaje y buen ritmo, y que dejan poso.

·Lanzamiento: 2018
·Editorial: Bambú
·Traducción: Celia Filipetto
·Páginas: 477
·Valoración: Café con leche

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