Café Librería

Elijo a Elena, de Lucia Osborne-Crowley

Sinopsis: A la edad de quince años, Lucia Osborne-Crowley tenía un espléndido futuro como gimnasta. Formaba parte del equipo nacional australiano, y estaba en camino de convertirse en competidora olímpica. Pero una noche, en Sídney, sufrió una brutal violación que la dejó gravemente enferma, y cuyas secuelas físicas y psicológicas arrastró durante mucho tiempo. Aunque pudo reconducir su carrera hacia el periodismo y la investigación, había una historia que nunca se atrevía a afrontar: la suya propia, la que reprimió a causa del miedo, el dolor y la vergüenza. No fue hasta una década más tarde que se decidió a hablar de lo ocurrido y empezó el camino a la recuperación.


267


Lo peor de todo es que me fue arrebatada la capacidad de contar lo ocurrido, y con ella la posibilidad de pedir ayuda. Nunca me recuperaré de ese robo.

Tensi Gesteira, del portal Lecturafilia, y yo acordamos leer este libro juntas. Primero porque vivimos tiempos de delicado equilibrio emocional y, segundo, quizás porque ya no nos apetece leer en soledad. Como ya tenemos experiencia lectora, nos conocemos, conocemos a las muchachas de Alpha Decay, teníamos una vaga idea de lo que nos podíamos encontrar en Elijo a Elena. Sin embargo, creo que nuestros pensamientos se quedaron pequeños. Al menos en mi caso.

La idea era dividir la lectura y compartirla a través de audios por el móvil o llamadas, una práctica habitual durante el confinamiento y que, a día de hoy, seguimos manteniendo. Para mí es mejor que los ansiolíticos, y para ella espero que también. Y perdonadme esta pastelosa introducción sobre leer y la amistad, pero es lo que ha venido a salvarme a mí. Y a salvar a Lucía, y a Elena. Al fin y al cabo, le ha dedicado su título a Elena Ferrante (o a Elena Greco, en su caso).

Lo primero que comentamos fue la identificación de nosotras mismas en el texto. Arrancan las páginas de este peculiar ensayo biográfico enfocadas en el deporte y en el perfecto dominio del cuerpo que tenía Lucia Osborne-Crowley en su juventud y que le fue arrebatado en un terrible episodio de agresión sexual. A partir de ahí las páginas se oscurecen, y es cuando conocemos la realidad que vino después. 

Unos años unos 2 años después de la violación, me sobrevinieron unos triples dolores abdominales. El dolor era tan intenso que me provocaba vómitos. Empecé a sangrar allá donde iba; la sangre se deslizaba por mis piernas y quedaban charcos a mis pies. Me desmayaba. Empecé a tener un pensamiento recurrente intrusivo en el que un cuchillo se me clavaba en la vagina.

Y aunque la obra es breve, la lectura es profunda y compleja. Mi ejemplar está marcado en prácticamente todas las páginas y, me temo, se quedará en mi mesita durante un tiempo porque quiero trabajar con él. Trabajar en mí, quiero decir. El dolor se convierte en el cuerpo de Lucía en la endometriosis y la enfermedad de Crohn. Aunque no está completamente demostrado que estas dolencias la aquejasen por la agresión y el dolor reprimido en su interior físico y psicológico, es bastante probable.

El problema no era la medicina en sí; la respuesta estaba en esas mismas páginas. El problema era que nadie buscaba el problema.

La autora aporta datos constantemente. Pruebas. Incluso en esta posición de ser un ‘monólogo’ (a ella no le podemos contestar mientras leemos, es su versión, en su hueco tan merecido) parece querer excusarse. Lleva toda una vida sumida en su silencio, en sus ataduras. El ejercicio de valentía es tan inmenso que quiebra también. Me preguntó cómo ha podido sobrevivir. Y ella misma responde a esa pregunta.

La obra nos aporta pruebas. En su posición claramente feminista, expresa la denuncia de su silencio. También el maltrato médico sistemático al que fue sometida ante sus constantes visitas a urgencias por enfermedades que se diagnosticaron tarde, provocándole un sufrimiento atroz e insoportable. Cuesta imaginar esos días, cuesta imaginar estar en su piel. Y, sin embargo, no cuesta nada. Lucía nos invita, con mucho terror, a ser ella. 

Todo lo que aprendí sobre la conciencia, la memoria muscular y la sabiduría del cuerpo me fue arrebatado y quedó recluido en un oscuro y polvoriento rincón de mi mente, donde no tendría el valor de entrar hasta una década después.

En cuanto a la alusión a Elena Ferrante, he de decir que es mínima. Apenas se menciona en dos ocasiones, de manera superflua. Sin embargo, si hemos leído la tetralogía de las Dos Amigas, sabremos interpretar a la perfección qué ha podido ayudar y unir tanto a la autora de este ensayo con la novelista napolitana.

Yo elijo a Lucía. Ella me ha liberado. Me ha ayudado a encontrarme. Creo que tendré que hacer con este libro la parte que me toca.

Cualquiera que se haya movido por el mundo en el cuerpo de una mujer sabes lo que significa desear ser invisible. Al final, Lila no se libra de esa sensación y encuentra la manera de desaparecer.


  • Lanzamiento: octubre de 2020
  • Editorial: Alpha Decay
  • Traductora: Victoria Malet
  • Páginas: 144
  • Puntuación: Moka y chocolate

Un Comentario

  1. Pingback: Un año raro: las mejores lecturas del equipo de Café Librería en 2020 | Café Librería

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: