Café Librería

No soñarás flores, de Fernanda Trías

Sinopsis: Doce años después de abandonar a su hija y a su marido, Teresa ha vuelto y ahora los espera en un café. Una chica se sienta cada noche tras la barra de un bar y se pregunta el porqué de la lentitud de los trenes nocturnos. Un «pantano de pérdida» une en casa del ciego a un grupo de personas arrastradas por el dolor.

Los personajes de estos ocho cuentos, chicas en su mayoría, están a punto de naufragar. Sus ilusiones están quebradas, no tienen escapatoria. El fracaso de la pareja, los juegos de la amistad o la muerte del padre le sirven a Fernanda Trías para explorar el miedo, la violencia y, sobre todo, la pérdida. La autora habita el mundo de los cuentos de la misma forma que habita el de sus novelas. Sigilosamente, con una elegancia sobria. Ahondando en la desesperanza, dibujando un mundo descarnado.


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Al final, todo esto empezó con Fernanda Trías. Cuando Tránsito se presentaba en España hace un par de años y nos traía la primera novela de la autora uruguaya a nuestro país. La Azotea, que presentamos en el #LeoAutorasOct2018 en A Librería. Desde entonces, no he dejado de seguir los pasos de la editorial. Y No soñarás flores es uno de los últimos títulos publicados, firmado por Trías, esta vez en formato de relatos. Pero no cambia nada, en realidad.

Ahora que empezó la primavera hay menos vagabundos en los trenes, dice. La primavera está aquí pero ella no la ha visto o, más bien, la primavera no la ha visto a ella.

Es el mismo estilo que nos encontramos en la novela, pero hay cambios. El propio formato de la narración breve así lo exige. Tenemos unas historias más directas y, diré, personajes más despiertos. Mujeres, para ser más exactas.

No hay nada más femenino que el dolor; somos nosotras.

Ya que son ellas las que dominan casi todas las líneas que compone la escritora, con un espíritu salvaje pero más libre que el anterior. Digamos que toca salir al mundo de afuera, relacionarse y dejar de ver el mundo a través de un tejado. Quizás han sido composiciones que la autora ha empleado para liberarse, para jugar, para experimentar. Y, sin embargo, parecen ramalazos de realidad que se disuelven a cada paso.

No sé cómo leer los relatos. Quiero decir, entiendo el oficio de juntar las letras y llegar al final de una historia. Pero, en este caso, uno enlazaba con el anterior. No es que tuvieran tramas que continuasen, ni que compartiesen personajes. No. Es que me daba la sensación de que unos contentaban las inquietudes de los anteriores. Era como navegar en mentes tan ajenas como interconectadas entre sí. Al final, todas somos tan básicas, ¿no es cierto? Nos fascina la amistad, unirnos a un grupo, el verano y la primavera, la familia, el amor, el no amor, el mentirnos. Y el dolor. Fernanda Trías, tal y como ocurría en su novela, parece transmitirnos todo esto, pero con un filtro de serenidad. Ahonda, pero con templanza. Con lo cual, tan solo queda en nosotras como lectoras un resquicio de lo que plasma y su belleza, sin nada que distorsione la realidad de esta literatura tan propia, tan personal.

Mientras Panizza me acostaba en el sofá, con un Lexotanil bajo la lengua, pensé que las mariposas tal vez no tuvieran sangre.

Pero no anestesia la realidad. Digamos que el primer relato de los ocho arranca con la juventud, esa libertad desatada, y la angustia que se mantiene en alguna parte no sé por qué. Es un verano que parece primavera y todo recuerda a las flores. Estamos en la plena vida, y todo puede ser eterno. Para siempre.

—Es una manera de pensar.
—Es una manera estúpida de pensar.

Y, entre medias, lo urbano, lo febril de la cotidianidad. Lo ansiado que perdemos. Presenta la vida como algo soez, casi cómico, sarcástico por momentos. Luego brilla, luego no. Es tramposa, pero no nos miente. 

Habla de él como «vegetal», y aunque intento imaginarlo como una planta en el jardín o al menos en una maceta, solo logro verlo como una lechuga.

Y el último relato, el que da título al libro, nos lleva al final. Buceando en la muerte, cubierta de flores para que no huela tan mal y no nos pique en el alma. Pero pica, y tanto. Sin embargo, sigue siendo parte de ese día a día que Fernanda Trías nos convence de que dejemos de soñar, e incluso de vivir. Que es así, tan triste y tan lúgubre con insistencia. Este broche final llena la compilación de un bellísimo tono pesimista.

No hay segundas oportunidades. Hay un momento de quiebre y ahí está el cuento.

  • Lanzamiento: septiembre de 2020
  • Editorial: Tránsito
  • Páginas: 130
  • Valoración: Capuchino

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