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Adiós: un texto lírico de Miriam Beizana Vigo y L. J. Salart

Hace unos meses mi abuela se fue, antes que la pandemia nos cambiase la vida. La enfermedad fue larga y las últimas semanas fueron muy duras. Vehiculé el dolor de la mejor forma que sé, escribiendo. Y le pedí a Miriam Beizana un favor: que continuase el relato. Ella perdió a su abuela poco tiempo antes, y quería compartir este momento con ella. Este relato es para nuestras abuelas, a las que siempre echaremos de menos, igual que a todos los nuestros que ya se han ido. (LJ)

 

Adiós

Por Miriam Beizana Vigo y L. J. Salart

 

Hace unos días que la abuela ya no despierta. Su respirar se ha vuelto lento. Sus latidos, distraídos. Son ya demasiados años. El abuelo arrulla su mano quebradiza entre las suyas. Mi tío, sentado a su lado, la contempla con la mirada perdida. Mamá y la tita hablan recostadas en el alféizar de la puerta. Su hermana espera sentada bajo la ventana. Su madre enreda un mechón de pelo entre sus dedos, su pequeña, era tan joven cuando se fue, quiere volver a acunarla. Su padre vela de pie apoyado en el bastón. En un rincón la espera su prima, jugando con una muñeca: vuelve a ser una niña, se olvidó de que había olvidado quién era y se había perdido para no volver. Sombras pasean en el pasillo. La abuela solo duerme, pero no se quiere ir; es valiente, aun no quiere venir.


Hace unas noches que la abuela ya no duerme, tan solo permanece con los ojos cerrados. El ejército de personas que la amamos bajamos la guardia en las horas nocturnas, pero alguien siempre se queda velándola. De irse, que no lo haga sola. No, sola no, por favor. Hoy yo, ahí estoy. La miro, quiero pensar que me siente, que me nota cuando le agarro la mano con temor a que de repente se quede fría e inerte. Ocurre en un segundo, en dos. El momento de quebrar, como quien acciona un botón y clic.

Clic.

Simplemente un clic.

¿Qué ocurre antes? El frío y la rigidez… ¿O es la respiración lo que desaparece? Ojalá poder dormirme, porque el agotamiento me frota las ideas, avivando mi nostalgia. Me siento torpe, con los ojos abiertos como platos sin ser capaz de llorar. La miro, la miro. La miro porque espero que si la miro no se vaya jamás.

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