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Torrance, de Daniel Pérez Navarro

Sinopsis

¿Queda algo por decir de El resplandor? La respuesta es rotunda: sí. ¿Podemos realmente sorprendernos, si regresamos al Hotel Overlook? La respuesta es otra vez afirmativa: muchísimo. Con los revisionados de algunas películas, siempre encontramos algunos matices. En el caso del laberinto de terror firmado por Kubrick, esta última afirmación se cumple como pocas veces. Torrance es un mapa con el que podemos orientarnos en el corazón de las tinieblas, donde nos esperan el famoso Jack y los otros dos miembros de la familia, la (injustamente) poco apreciada Wendy y el niño del triciclo, Danny, verdadero motor de la historia. ¿Qué tal una mirada a los espejos para entender lo que está ocurriendo en el Overlook? ¿Y un vistazo a los relojes locos de la cocina, a las puertas y pasillos imposibles, a lo que tienen de siniestro el diseño de una alfombra o un color, a las notas musicales también laberínticas y especulares? Se puede ver El Resplandor como una película de casas encantadas y detenernos ahí. Pero también se puede descender a la segunda planta. Y a la tercera. En su Grand Tour, Kubrick ha organizado un itinerario que incluye béisbol, cuentos, mitología, objetos simbólicos y dibujos animados. A los 40 años de su estreno, el impacto de este clásico se percibe por todas partes: está presente en decenas de títulos, que van de Pixar a Joker de Todd Phillips, en Funko Pop, en memes, en secuelas, en anuncios para la televisión, en la ópera del siglo XXI, en camisetas y tazas, etc. La familia Torrance está más viva que nunca, como se aprecia en este ensayo, una aventura literaria e imaginativa que se aleja de los académico y de la crítica habitual.

Reseña

Torrance es un antiensayo. Lo dice Mories en su prólogo de la obra y, aunque cuando leí el término la primera vez me pareció artificioso y un poco de prologuista, lo cierto es que la palabra resulta precisa y acertada. Además, ¿quién soy yo para llamar artificioso a nadie cuando acabo de escribir que la palabra resulta precisa y acertada?

La cuestión es que una espera de un ensayo que la mente tras el texto ofrezca un conocimiento claro y preciso en forma de verdad, y Pérez Navarro no lo hace. El autor de Torrance decide no limitarse en absoluto, así que se limita (juego de palabras de reseñadora artificiosa) a proponer giros y contragiros, hilos de los que tirar y esquinas que doblar. Por eso, la lectura de Torrance es tan excitante como un laberinto, e igualmente inquietante.

Al contrario de lo que Kubrik hizo con su película, Pérez Navarro no construye su laberinto de setos sobre las esculturas vegetales del libro de King, sino a su alrededor. Por eso habla de música, de color, de dioses griegos, de iconografía y reflejos. Lo bueno de un texto tan rico en puntos de fuga es que rara será la lectora que no disfrute de alguno de sus capítulos. Y más rara será todavía la que no encuentre la película aún más interesante después de pasar por esta obra, que no la dota de nuevas dimensiones, sino que hace visibles para quienes no las conocieran las dimensiones ya existentes.

El Resplandor es una de esas películas sobre las que todo el mundo tiene algo que decir. Es un film grandilocuente, pretencioso y aparentemente vacío que muestra contradicciones, fotogramas sin sentido y que esconde detalles imposibles de apreciar en un primer visionado (o en el duodécimo). Así que toda hija de vecina tiene una opinión sobre los supuestos fallos de raccord, sobre el histrionismo del reparto y sobre todo lo demás. El problema con los universos es que no pueden abarcarse desde un único lugar estático ni desde un solo punto de vista.

Y ahí es donde Torrance resulta más acertado. Un acierto que no habría sido posible sin, sospecho, años de análisis y de seguir migas de pan que conducían a callejones sin salida. Este ensayo no está escrito para mostrar los descubrimientos de su autor ni su inteligencia, ni su ingenio; sino para poner de manifiesto todos (o muchos) de los instrumentos que Kubrik usó para construir una obra faraónica cuyo significado final se nos escapa aunque tengamos delante la Piedra Rosetta que debería servir para descifrarlo.

En este sentido, Pérez Navarro habla de El Resplandor como habría que hablar de sus novelas: como de una entidad cuya existencia se explica por sí misma al margen de nuestro papel como espectadoras o lectoras.

Leer a Pérez Navarro tiene algo de salto de fe. Solo es posible aterrizar a salvo entre sus líneas si antes te has despojado de un par de necesidades, como la de deglutir y asimilar cada palabras y cada frase por separado. Cada uno de sus textos es un bosque y de nada sirve abordarlos como conjunto de árboles independientes. En Torrance, el autor hace el ejercicio de señalar los árboles de El Resplandor para poner de manifiesto que ninguno de ellos tiene sentido de manera individual. Los colores y los números no poseen un único significado y no pueden aislarse de los planos, las superficies y los personajes sobre los que aparecen. El código para entender la obra existe más allá de ella, de tal manera que la obra responde a ese código, pero el código no es extraíble de la obra.

El puzle, ya lo dicen tanto Kubrik, como Pérez Navarro, ni siquiera es lo importante. Pero está ahí, asoma por debajo de las alfombras de colores y en los espejos de la 237. Así que las curiosas miramos, aunque no siempre veamos.

Lo importante es disfrutar. Danny es el motor de El Resplandor, el niño a quien Kubrick deseaba proteger y protegió hasta el punto de que nunca supo que rodaba una película de terror. Quizá, como espectadoras y lectoras, también estemos protegidas de la realidad que se esconde en este laberinto del que no es en absoluto fácil salir. Si es que se puede.

La edición

Por lo general, las ediciones de Dilatando Mentes tienden a parecerme un poco más recargadas de lo necesario. El título y el nombre del autor en el pie de todas las páginas me resulta abigarrado y no encuentro que aporte demasiado.

En Torrance la edición es preciosa, está muy cuidada y cuenta con unas ilustraciones que en ocasiones se convierten casi en infografías y que se integran estupendamente con el texto. La página 113 y la 153 son de mis favoritas.

Me parece un poco exagerada la maquetación de cada inicio de capítulo; pero, para compensar, me fascinan las páginas negras con el texto en blanco. Y las ilustraciones de portada y contraportada me parecen de un sarcasmo delicioso (aunque sea cursi decirlo). Estamos ante uno de esos libros que se disfrutan más en papel que en su versión digital.

Conclusión

Si te has leído la reseña entera y tengo que desgranar una conclusión, una de las dos tiene un problema. De todas formas, ahí va: Torrance es un auténtico lujo, un juego y una muñeca rusa. Lo disfrutarás si no esperas un discurso académico que te solucione la vida o te diga lo que tienes que pensar. Ábrelo y fluye por el laberinto.

  • Editorial: Dilatando Mentes
  • Lanzamiento: diciembre de 2020
  • Páginas: 307
  • Prólogo: Nieves Mories
  • Valoración: Moka con chocolate y un chorrito de Jack Daniels

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