Café Librería

Los gemelos maravilla, de Mark Russell y Stephen Byrne

Una vez escuché a alguien decir que los cómics debían tener el solo propósito de entretener. Yendo más allá, dicha persona catalogó como un error a cada obra que transmitiese un mensaje, y es por ello que me decidí a leer Los gemelos maravilla. Cuando escuché hablar de todos sus defectos, vi en cada uno de ellos una virtud tratada con desdén.

los-gemelos

Un autor como lo es Mark Russell, quien produjo obras de culto como Los Picapiedra, no podría limitarse a entretenernos. Si tuviese que definir a este escritor de una forma sencilla, sería diciendo que es un Tom King infravalorado. O, más bien, sus obras son las que lo están. Es obvio que él es un magnífico artista dentro del mundillo del cómic, pero parece que olvidásemos sus obras.

Si sois lectores que disfrutaron leyendo Mister Milagro o Visión, o incluso si no lo hicisteis, podréis encontrar en él a vuestro nuevo autor favorito. Y, por ello, vamos a recomendar un cómic que podría haber sido pasado por alto.

En este cómic se debate el concepto del bien y el mal. Con ello, se nos da a una galería de villanos graduales. Ellos conforman una línea progresiva de la moral y nos muestran por qué se actúa mal. Pero, muchísimo más importante, ¿podemos alzar la cabeza? ¿Es acaso la sociedad una telaraña de la que, una vez víctimas, seremos incapaces de escapar? En esto, queridos lectores, me ofrezco a hacer una comparativa con la que captar vuestra atención. Con su tono paródico, casi se alcanza a ver alguna similitud con Bojack Horseman y su idea de la redención.

1

Además, hay un pequeño matiz aquí: cuanta mayor bondad hay en un villano, mayor es su castigo. Quienes no están satisfechos consigo mismos e intentan mejorar, son repudiados y maltratados. Pero, por otro lado, aquellos que intentan excusarse y mantener su discurso de odio son alabados. Basta con pasar un tiempo en internet para ver cómo nuestro juicio moral (saludos, Humme) funciona de aquella manera.

Los cómics son literatura, eso está claro. Y, siendo sinceros, la acción es un estigma que a veces nos hace olvidar el corazón de sus personajes. Cierto es que a veces toca leer veinte páginas de hostias, pero no creo que ese sea el statu quo del cómic. Cada vez más gente se adentra en el medio, siendo que en la actualidad se tiene más aceptado que su guion sea algo más allá de unos dibujos bonitos (extra que, dicho sea de paso, se agradece infinitamente).

Y, en el caso de Zan y Jayna (y su mono Gleek), se puede pensar de manera más creativa para afrontar los problemas. Porque ellos abogan por evitar la violencia y resolver las cosas de un modo más apropiado. Puede que luchen, porque es el camino que conoce el héroe, pero es un recurso más y no el único disponible. Uno, si es civilizado y posee buen corazón, puede esquivar la bala, que es el concepto mismo del conflicto.

Además, cada lección trae un discurso didáctico que provoca en nosotros un cóctel molotov de pesimismo y optimismo a partes iguales. Cada fragmento leído dibuja una sonrisa triste en nuestro rostro. Triste porque conocemos cuán real es su mensaje, pero alegre por el desafío de confrontarlo y lidiar con ello.

Por último, hablar de sus protagonistas. Qué menos, ¿no? Zan y Jayna son personajes que nos marcan una comparativa clara. Superman, Batman y el resto de la pandilla pueden ser héroes, ¿pero realmente podemos catalogar su actitud como apropiada? Y esto no quiere decir que Zan y Jayna representen una superioridad moral, pues están lejos de ser perfectos, pero hacen que se pueda juzgar de forma más justa un cuadro puntillista que es visto de cerca. Y, ya sin tanta seriedad, son dos rollitos de canela a los que es imposible no querer.

Si queréis leer una obra sobre el miedo a los cambios y la necesidad de estos, tenéis a vuestra disposición Los gemelos maravilla, de Mark Russell. Sed retados, como el mensaje original de 1984 estaba pensado a ser interpretado, y no como gente oportunista os vende que debéis entenderlo. Una obra amigable y que rompe los esquemas, que logra un correcto equilibrio entre sentirte en tu zona de confort y cuestionar, con introspección, la forma con la que juzgas el mundo. Un pie fuera, pero otro dentro para que te explores a ti mismo y lo hagas sin miedo, como en esas comedias para adultos que no utilizan violencia y sexo (y que no tienen nada de malo) como los pilares de su madurez.

Y, como último apunte, no esperéis algo dotado de seriedad en exceso. No se trata de hacerte sentir culpable y que te arrepientas, sino de que te rías de tus propios defectos y los del mundo.

45020687._sy475_

·Editorial: ECC Cómics
·3 números (finalizada)
·Valoración: Moka y chocolate

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: