Café Librería

Cada corazón, un umbral, de Seanan McGuire

Sinopsis: Deslizándose entre las sombras bajo la cama, o a través de un armario, o por madrigueras de conejos… los niños siempre han sabido acceder a mundos mágicos. Pero ¿qué ocurre cuando regresan y no consiguen adaptarse y no son aceptados por sus familias? Eleanor West tiene un internado que acoge a estos niños que quieren volver a su mundo de fantasía. Pero con la llegada de Nancy algo cambia en el internado y pronto tendrán que enfrentarse a una tragedia por sí mismos.

Empezaré la reseña comentando que aunque este libro sea el primero de una trilogía (Wayward Children/Niños descarriados) son novelas autoconclusivas situadas en el mismo universo. Y que aunque la historia termine satisfactoria (aunque algo precipitada) en el primer libro que nos ocupa en esta reseña, es bastante probable que quieras leer las siguientes entregas.

Pero me estoy adelantando, verdad? Mejor vamos a seguir en nuestro mundo antes de adentrarnos en uno de esos totalmente sinsentido.

Los padres de Nancy no comprenden a su hija; ésta afirma que durante su desaparición estuvo en los Salones de los muertos y que tan solo ha vuelto a nuestro mundo para que esté totalmente segura de que quiere quedarse a vivir en la Corte para siempre. Las semanas pasan y su hija no abandona su versión de los hechos, por lo que, desesperados, deciden ingresarla en un centro de rehabilitación para que su amada hija vuelva a ingresar en sociedad.

Nancy llega a la residencia de Eleanor West pensando que acude a una especie de internado y lo que se encuentra es algo totalmente distinto: Eleanor también viajó a un mundo distinto, y en su escuela refugia a los niños y niñas que han sido expulsados de sus mundos fantásticos y anhelan volver a ellos.

Aunque sea prácticamente imposible.

Allí Nancy conocerá a otros jóvenes que han vivido durante años en mundos fantásticos: reiños de arañas, reinos de chucherías; reinos de esqueletos danzarines y reinos de goblins. Todos ansían volver, y muchos de ellos a cualquier precio. A través de su personaje y de su “ignorancia” en el tema, descubriremos que hay muchos otros mundos y maneras de acceder a ellos.

Eleanor la asignará a la habitación de Sumi, una alocada muchacha que proviene de un mundo sinsentido. No podía evitar imaginarla como Delirio, de Sandman. De hecho la obra en general me recordaba en cierto modo a una obra de Neil Gaiman o, salvando las distancias, al Hogar de miss Peregrine para niños peculiares.  Como es previsible, siendo ambas tan diferentes acabarán por llevarse bastante bien y Sumi será el acceso a que otros chicos de la residencia se acerquen a Nancy. Como Kade o las hermanas Jack y Jill.

Para estar hablando de una novela de apenas 200 páginas, es fascinante la capacidad de la autora para crear una serie de personajes con profundidad (me faltó saber más de Eleanor, pues a veces me queda algo borrosa; aunque al estar ante una trilogía, me gustaría creer que son huecos que van a rellenarse en las otras historias) y un worldbuilding tan imaginativo. Además, la inclusión de personajes no normativos de un modo tan natural aporta profundidad y matices a la historia.

Por destacar algo negativo, el final me pareció precipitado y en cierto modo, demasiado previsible a menos que no estés atenta en la lectura, pero nada que evite que disfrutemos de la lectura y el gran despliegue de imaginación de la autora.


  • Editorial: Runas
  • Lanzamiento: Junio 2018
  • Traducción: María Pilar San Román
  • Páginas: 192
  • Valoración: Mokka chocolate
  • Consíguelo aquí

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