Café Librería

Carcoma, de Layla Martínez

Sinopsis

Todas las casas guardan la historia de quienes las han habitado. Las paredes de esta casa perdida en el páramo hablan de voces que surgen de debajo de las camas, de santas que se aparecen en el techo de la cocina, de desapariciones que nunca se resuelven. Los vecinos reniegan de sus dos habitantes a la luz del día, pero todos acuden a ellas cuando nadie los ve. La abuela se pasa los días hablando con las sombras que viven tras las paredes y dentro de los armarios. La nieta vuelve a la casa tras un incidente con la familia más rica del pueblo. Ahora, desenredando la historia de la casa, se han empezado a dar cuenta de que las sombras que la habitan estuvieron siempre de su lado. 

Carcoma

Reseña

Cuando crucé el umbral, la casa se abalanzó sobre mí. Siempre pasa lo mismo con este montón de ladrillos y mugre, se lanza sobre cualquiera que atraviese la puerta y le retuerce las tripas hasta dejarle sin respiración. Mi madre decía que esta casa hace que se te caigan los dientes y se te sequen las entrañas, pero mi madre se fue de aquí hace mucho y yo no me acuerdo de ella. Sé que decía eso porque me lo ha contado mi abuela, aunque no hubiese hecho falta porque yo ya lo sé. Aquí se te caen los dientes y el pelo y las carnes y a la que te descuidas te andas arrastrando de un lado para otro o te echas en la cama y no te levantas más. 

Carcoma es una novela que da exactamente lo que promete. Si te fijas en ese primer párrafo, encontrarás en él el germen de todo lo que se desdoblará, se explicará y se extenderá más tarde. Nada más adecuado para vertebrar una historia de terror que la imposibilidad de pasar página. Aunque esa frase no hace justicia a un relato que habla, precisamente, de lo injusto, de la clase, de la pobreza, del rencor y de la explotación.

Pero decía que da lo que promete. ¿Qué promete, pues? Desde mi punto de vista, la promesa de esas pocas líneas tiene que ver con un bucle. La carcoma, el bicho ese que se come la madera, roe, roe, roe y convierte una construcción sólida en algo frágil, incapaz de cobijar a quienes necesitan refugio. El rencor de las protagonistas las carcome, se lleva lo mejor de su humanidad (no su humanidad toda porque lo más oscuro de nosotras también es nuestro) y deja en las lectoras una picazón molesta, dañina. 

Desde las primeras páginas, ese roer está presente tanto en lo que se nos cuenta (la historia del país, la historia de la casa, de sus habitantes, de las vecinas) como en la forma de contarlo. Los monólogos de las dos voces narrativas, abuela y nieta, pasan una y otra vez sobre las mismas emociones, las mismas acciones, las mismas consecuencias. Curiosamente, esas voces que narran la erosión funcionan más como la seda de una araña laboriosa que lo cubriera todo a su paso, para protegerlo, que como un insecto devorador. Esa, sin embargo, es la magia de la carcoma, que se preserva para siempre. Hasta que dentro de la pupa no queda más que un vacío, un eco.

Personalmente me ha parecido fascinante esa especie de cinta de Moebius que la autora construye alrededor de la pobreza y la explotación que engendran más pobreza y más explotación. En ocasiones se me ha hecho un tanto repetitivo el discurso. En pocas ocasiones, la verdad. Soy de esa clase de lectoras que disfrutan mucho cuando forma y fondo se emparejan como lo hacen en este caso. Me he dejado llevar desde el primer momento por la cadencia del asco y la ira, salpicadas del miedo del personaje más joven que, de vez en cuando, abría una puerta a la luz solo para cerrarla de nuevo y retomar el ciclo, el rrarrarrarra que todavía te martillea en el cerebro días después de terminar la novela.

Mención especial para la puntuación. Igual que me pasó hace unas semanas con las mayúsculas aparentemente aleatorias de Piranesi, las frases extrañas de Carcoma me costaron al principio. Solo al principio. Como lectora, me aferro al estilo de una novela y me cuesta descabalgarlo para montar el de la siguiente. Una vez superado ese obstáculo, he disfrutado también de las formas peculiares de expresarse de la abuela, de la nieta y de los secundarios con voz.

Me da la sensación de no haber dicho nada todavía. He pasado por alto la trama de Carcoma, la relación entre sus protagonistas, la santa, los muertos y hasta la mención a la guerra civil. Todo eso está ahí y la propia autora habla de ello en esta entrevista que merece la pena leer. A mí, como lectora, solo me queda señalar que Martínez no dice en esa entrevista nada que no se lea en su novela. Eso, de por sí, es ya un éxito. Ojalá más autoras y autores consiguieran trasladar al papel sus ideas con la misma eficacia que ella.

Conclusión

El faldón de la colcha se movió ligeramente cuando el tacón de una bota desapareció debajo de él. La puerta del armario estaba abierta. De su interior salía un aire frío y húmedo como niebla de barranco o fosca de aljibe. El hombre empezó a caminar hacia la puerta del mueble atraído por un murmullo que yo no oía pero que sabía que estaba ahí porque podía sentirlo como se sienten los apagones o las tormentas, como canto de cigarra pero en el fondo de los huesos. Cuando se sumergió en las sombras cerré la puerta.

Recomiendo mucho Carcoma. Así, en general. Excepto si necesitas encontrarle el sentido a todo en las primeras páginas. Si ese es tu caso, puede que sufras un poco al principio. Pero si te gustan las casas encantadas, las apariciones y las revisiones en clave de ficción del terror más arraigado, Carcoma es tu novela, sin duda.


  • Editorial: Amor de madre
  • Fecha: noviembre de 2021
  • Páginas: 144
  • Valoración: Mocachino chachi pero sin azúcar.
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